jueves, 21 de noviembre de 2013

Borrón y cuenta nueva

Fuera de todo lo previsto, escribo el primer artículo de mi nuevo blog. Tras varias vicisitudes e indecisiones personales, abandoné mi antigua página con quince minúsculas publicaciones. Este puñado de textos se ganó la conmiseración de una minoría de amigos lectores que lamentaron mi descenso de los territorios virtuales, y me pidieron, muy sinceramente, que no elimine el primigenio blog.

“El cuaderno de Julián” sigue siendo accesible a los ojos de los navegadores. Después de varios meses de escritura silenciosa, decido regresar a los eléctricos páramos de las computadoras y disponer mis palabras a una estéril cantidad de lectores que con el mayor de los placeres devoraran estas líneas.

Porque yo no escribo para complacer a las masas ni para cautivar a grupos selectos. No escribo para nadie, menos para mí mismo. Simplemente escribo. Y por más que las palabras transmitan sentimientos o ideas, este párrafo no es un mensaje o una carta destinada a una persona particular.

Escribir es disparar palabras al aire. Si alguien es alcanzado por una frase, si la bala perfora los músculos del alma, si el espíritu lector yace desangrándose en las calles de la vida, poco le importa al autor del desquiciado fuego.

Mentiría si dijera que me importa poco que mis compañeros en el arte de soldar sílabas me dieran palmadas en la espalda y elogiaran mis pequeños accesos de locura literaria. A uno le gusta recibir aplausos. Pero ya no me veo afectado por el temor de que a algún mortal, del otro lado de la pantalla, le disguste esta lectura. Fue esta fobia la que me vedó de fabricar más publicaciones en la red: experimentar la posibilidad de no ser lo suficientemente bueno en un Universo donde la excelencia es motivo de laureles dorados y cánticos de marfil.

No busco éxito. No busco encerrar corazones en un frasco ni trastocar la sensibilidad de la comunidad lectora. No busco el Premio Nacional de Literatura ni publicar best seller bajo mi maliciosa pluma. Lo que busco no se encuentra en tus ojos. Lo que busco está dentro de mi mano.

Abro el puño y hablan los dedos. Esto es lo que busco.

Tal vez este texto provoque una alegría sin voz entre mis exiguas amistades y hasta llame la atención de un explorador desprevenido. Si te gusta o no te gusta, no será motivo de preocupaciones.

Lo importante es escribir. Escribir por catarsis, escribir por pasión, escribir por placer, escribir por puro gusto… Si el verbo nuclear es ESCRIBIR, poco importa el resto de la oración. Siempre en cuando, escribir sea un acto sincero.


Ahora más que nunca he de escribir. ¿Estoy a la altura de las circunstancias para hacerte pasar un buen rato? No hay garantías. No prometo nada. Pero si has arrastrado tus pupilas hasta esta frase final, habrás hecho feliz a un joven demasiado distraído para disfrutar de ese blanco milagro llamado vida.

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