viernes, 29 de noviembre de 2013

Esa cosa llamada 'sistema'

Me dan asco los adolescentes que hablan de la sociedad como si fueran protagonistas de una novela de Orwell. Dios me perdone por invocar esta palabra tan nauseabunda e intolerable. No es desagrado o mero malestar. Es asco. Es una repulsión insoslayable de la cual hago poquísimas excepciones. Apenas me gusta conversar sobre problemáticas sociales con una minoría de individuos selectos, mentes nutridas con criterio más o menos formado en las ciencias de la naturaleza humana. Si me dieran diez centavos por cada boca juvenil que se proclama ‘enemigo del sistema’, sería tan rico como un evasor de impuestos.

Insisto con enérgica terquedad que no soy un hermético solipsista negador de la realidad. La existencia de políticos corruptos y delincuentes impiadosos son males empíricos que vivimos en carne propia, por no mencionar otras calamidades universales. No me inquieta la presencia de nuevos soñadores que aspiran a torcer las falanges de los marionetistas que mueven los hilos de la desigualdad. Empero, me desagradan los jóvenes que creen que por escupir el sillón de Rivadavia piensan que cambiarán al Universo.

Me preocupa más, como amante de las letras, el uso exhaustivo de la palabra ‘sistema’ en la mandíbula de estos mensajeros contraculturales. ¿Qué significa ‘sistema’ para ellos, los voceros de la revolución venidera? ¿‘Sistema’ de gobierno representativo republicano federal con tendencias democráticas y liberales, ‘sistema’ de dominación de clases sociales por causa de los modos de producción y explotación del modelo económico capitalista, o simplemente ‘sistema’ por decir ‘sistema’?

¡En verdad, no entiendo! Que alguien me explique: ¿qué es el ‘sistema’? ¿Es tan malo como dicen que es? ¿Hay un solo ‘sistema’ o tiene hermanitos residiendo en el resto de las civilizaciones humanas? ¿No estarán hablando del ‘sistema’ operativo de mi computadora o del ‘sistema’ métrico decimal con el que estamos acostumbrados a mensurar las longitudes espaciales de un dormitorio, una provincia o un campo de soja?

A lo mejor, estoy confundiendo a los miembros de un movimiento estudiantil de inclinaciones imprecisas que se opone al ‘sistema’ político-económico establecido en Occidente con un club de astronomía que defiende el ‘sistema’ heliocéntrico copernicano. O quizás mezclé a una sociedad de neurocirujanos que se dedican a analizar los avatares del ‘sistema’ nervioso central con un oficioso grupo de planificadores urbanos que debe modificar el ‘sistema’ de red de cloacas de la ciudad por un desperfecto escatológico masivo.

Si estoy utilizando mi ‘sistema’ respiratorio para gastar mi voz en oraciones indignadas o si encadeno estas letras bajo un ‘sistema’ de signos prefijado para construir una aburrida tesis de muerte, sepan disculpar a este escritor minúsculo, apolítico y entrometido.

Hoy en día se habla tanto del ‘sistema’ que ni siquiera sé a ciencia cierta de qué se está hablando. Tal vez por eso que no me gusta hablar mucho de estos temas: prefiero ser una estatua de carne antes que convertirme en un mediocre charlatán. Declino mis ganas de debatir, consciente de que mis neuronas carecen de las nociones más básicas de política o economía, y cedo la voz a los panelistas más lúcidos en la materia. Me gusta ocupar el estrado de los ignorantes y aprender de las gargantas de las personalidades que saben de dónde provienen las raíces del sufrimiento humano y cómo podar las ramas del dolor.

Ojo, no todos los jóvenes hablan del ‘sistema’ por deporte. Conozco nobles espíritus que aspiran a ser abogados o docentes para enderezar desde su humilde posición los entuertos que nos deja este siglo latente. Irónicamente, estas divinas almas son las que menos hablan y las que hacen más.

Esto me ha sumido en profundas cavilaciones, muy a pesar de que el concepto de ‘sistema’ me parece aún un término cuyo significado necesita pulirse más en los discursos cotidianos.

No me importa qué tan tiránico parezca esa cosa llamada ‘sistema’ desde los comentarios de sus más desacertados críticos. Me permito tomar tranquilas siestas sabiendo de que algunos bondadosos seres humanos de mi entorno (cierta estudiante de abogacía; cierta futura docente) son conscientes del ‘sistema’ de valores que deben emplear para tomar las riendas de su propio destino.

En cuanto al ‘sistema’ en sí, no puedo ofrecerte una definición clara y precisa. Usted, lectora o lector, tiene toda la libertad para despreciar mi frígida postura o no estar de acuerdo con mis vagas opiniones; las suyas serán actitudes que no me afectarán en demasía, puesto que mi interpretación de ‘sistema’ es tan enrevesada que no hará más que demostrar mi solemne y sempiterna ingenuidad en los asuntos humanos.

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