miércoles, 27 de noviembre de 2013

Sobre títulos, no hay nada escrito

Me costó horrores escoger un título para este blog. Hay momentos en los que Opiniones marginales me parece más el prefacio a un apéndice periodístico que el nombre de una página web.

Los artistas en general tienen una particular dificultad a la hora de colocar nombres a sus obras. Si escribes un poema de amor, ¿qué nombre le pones? O si un pintor crea un cuadro hermosísimo y vivaz que se enreda en los cánones del arte abstracto, ¿cómo lo va a llamar?

La inquietud de un nombre no es solo asunto de los artistas. Hay madres que se compran la última edición de ‘Mil y un nombres para bebés’ o chicos que, a falta de creatividad, le ponen a un cachorrito recién adoptado un nombre tan patético como Manchas o Coqui. (No se rían, uno de los perros de la casa se llama así.)

El título de una obra es objeto de controversia. Debe ser un nombre de peso, una frase contundente, un rótulo que lo diga todo pero que no diga nada a la vez. En cada una de sus letras debe ofrecer el perfume de una intriga irresoluble, cada sílaba debe suscitar un torrente de curiosidades en el lector.

El nombre no lo es todo, pero muchos juzgan por la portada. Si tu mejor amiga comienza a salir con un varón llamado Hermenegildo Nibelungo Eustaquio Gómez, no sólo sospechas de la mayoría de edad del sujeto en cuestión, sino que hasta serías capaz de cuestionar su humanidad. Porque, ¿quién en su sano juicio condenaría a su hijo al ostracismo y a la humillación con semejante nombre?

Hay personalidades celebérrimas de la farándula que al concebir un retoño de vida, no tienen mejor idea que bautizar a la criatura con nóminas extravagantes o apelativos idiomáticamente rarísimos. En la televisión desfilan mujeres cuya identidad es Charlotte López, Indiana Arismendi o Sharon González… No me atrevo a poner ejemplos verídicos de la realidad televisiva: sabemos de antemano que casi nada es real en la televisión, pero esta es leña para otro fuego.

Movámonos hacia el polo opuesto de la polémica, al sumario de los nombres bien puestos. Me preguntó en qué rábanos estaba pensando Jackson Pollock cuando discurrió La mujer-luna corta el círculo; en los autores de La naranja mecánica o El jardín de los senderos que se bifurcan, cuyos títulos rebosan de una genialidad incomparable. Y no son inferiores quienes optan por frases más sencillas, como El túnel, El extranjero, 1984 o Lolita.

Ni hablar de las películas emblemáticas: Tiburón, Psicosis, La Guerra de las Galaxias, Los intocables, Pájaros, Parque Jurásico. Mis conocimientos de cine son limitadísimos, pero en cuanto a títulos que desfilen por la pasarela de mis pupilas, me sacó el sombrero.

Ahora bien, hay títulos tediosos. Después de ver a Brad Pitt interpretando a un hombre que envejece al revés, el espectador dice:

–Vi Benjamín Button.

Es decir, no se toma el trabajo de decir que vio El curioso caso de Benjamín Button, así como no se tomaría jamás la molestia de decir que acaba de ver El día en que la Tierra se detuvo o Una serie de eventos desafortunados. La naturaleza de los nombres debe ser breve y concisa; a comodidad del enunciador, pero poderosa.

Si uno se pone a pensar en todo el contenido poético y emocional que se debe condensar en un par de palabras, se dará cuenta de que no es empresa fácil poner rótulo a las cosas. La única manera de saber cómo poner un buen título es observando los títulos de otros autores y preguntarse cómo hacen para sentenciar a una obra a la vida o a la muerte.

Porque es a través del nombre que el hombre siente curiosidad por entrar al cine o por abrir un libro. Eso sí: si querés ponerle título a un relato propio, el cuento tiene que estar ya terminado. De lo contrario, sería como esperar de una mujer embarazada un varoncito, pintar todo el cuarto del bebé de azul, y luego… ¡Tener una nena!


Entonces, ya no le podés poner Néstor, como se lo prometiste a ese amigo que te salvó en una inundación; se llamará Nestorina, tendrá la habitación azul y el título mal puesto por el resto de su vida.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario