lunes, 16 de diciembre de 2013

Huelga mental

Se habla del bloqueo de escritor como si fuera un amotinamiento de neuronas que se rehúsan a trabajar en la fábrica de creatividad por falta de recursos imaginativos. En cierto modo, es una huelga mental. En medio de una novela trascendental quedamos a mitad de camino y nos damos cuenta que la envergadura de nuestro talento presenta límites que no supimos apreciar a simple vista. No existe buen escritor que no se haya devanado los sesos al borde del existencialismo por dos puntos y una coma mal puestos en una oración.

Si ya es difícil dar el primer paso hacia un libro, mucho más lo es continuarlo, y aún darle fin con un golpe de gracia. Ser escritor implica arrastrar el alma del lector desde el primer párrafo hasta el último y remover sus sentimientos atrapados en las válvulas más íntimas del corazón.

No propongo métodos para combatir el bloqueo de escritor. Cada uno sabrá qué hacer con sus obstrucciones artísticas. Divisar los bordes de esta laguna que se oculta en las bifurcaciones del hemisferio derecho del cerebro puede ser de utilidad para el fresco poeta: la vacilación por saber cómo seguir escribiendo, contratiempo y demora que carbura los pensamientos, forma parte también del oficio del escritor.

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