viernes, 13 de diciembre de 2013

Las intermitencias de la rutina

La cotidianeidad es una deidad que exige toda mi concentración. Entre el alba y la medianoche se dilata un repertorio de acciones que me vedan de escribir ininterrumpidamente. Aunque lograra desprenderme de toda responsabilidad para entregarme a la labor artística las veinticuatro horas del día, no es posible vivir de la nada. Trabajar y estudiar son verbos indispensables en el diccionario de la modernidad humana; ni hablar de comer, dormir o bañarse.

En las intermitencias de la rutina encuentro el lapso necesario para desenvolverme en palabras. Siempre hay una instancia del día para leer y escribir. Descubrir estos intersticios temporales es asunto del poeta afanado.

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