lunes, 13 de enero de 2014

Bien cocida, pero no crocante

Mi prima ha comenzado a trabajar como telefonista y no deja de maravillarse de las pequeñas particularidades del nuevo empleo. Su capacidad de asombro no es para nada exagerada: la jornada tiende a sorprendernos, a veces, con verdaderos guijarros de humor. Especialmente, tras la línea telefónica.

Ella citó el ejemplo de una mujer cuya voz bien podía corresponder al de una señora de respetuosa edad. La autora de la llamada exigía que la pizza estuviese ‘bien cocida, pero no crocante’.

Es como ir a una heladería y decir:

–Quiero un helado de chocolate que no sea muy frío.

Si sometemos esta condición al capricho de la clientela, tendríamos que violar las leyes de la física y la química para lograr el producto perfecto.

En mi efímera experiencia puedo afirmar que, cuando una voz aparece en el teléfono, se puede desatar el nudo de una anécdota implacable.


Y, mientras armamos cajas en la parte trasera del local, se pueden oír débiles carcajadas. Las nuestras, los telefonistas, sonrientes de tanto recordar las llamadas más desopilantes de la jornada.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario