miércoles, 22 de enero de 2014

La negra escarcha del tiempo perdido

A mis hermanos les une el eventual vicio de ejercitar la imaginación. Cada dos o tres semanas, si mis cálculos no erran, contemplan desde la sombra del árbol del patio trasero de la casa la invisible trayectoria de las nubes pasajeras. No demoran mucho en entregarse a la ciencia de adivinar formas en los colosales cúmulos de algodón que recorren la cerúlea espesura del firmamento, como blancas embarcaciones que penetran la espumosa piel de los vastos mares.

Reclinado en mi asiento, absorto en mis estivales pensamientos, oigo las voces susurrantes de mis hermanos que describen mamíferos atrapados en la diáfana llanura de la tropósfera. Recuerdo con laboriosa tenacidad la fascinación de mis sanguíneos observadores al dilucidar las líneas de un toro descomunal en un nubarrón de tormenta. Imito sus esfuerzos y no hay caso: no hay zoológicos celestiales o inventarios divinos de objetos gigantes en el desfile de vapores que se lleva a cabo en el cristalino cielorraso del planeta.

Esto me deprime.

Rememorar que en el cielo peregrinan concentraciones de moléculas de agua vaporizada, reconocer que la atmósfera es una yuxtaposición de capas aéreas, presuponer que más allá de la dureza de aquel océano de aire se despliega un negro hormiguero agujereado de estrellas innombrables. El hábito del conocimiento extingue la ilusión de deidades que manipulan relámpagos o ángeles temerarios que cabalgan sobre el lomo de sombríos cumulonimbos.

Erguido sobre el trémulo césped del ignoto jardín, envidio con envidia infantil a mis hermanos, quienes, empuñando con los febriles dedos de la mente la daga de la creatividad, desgarran la garganta de la costumbre para sumergir los ojos mortales en la sangre de la rutina.

Con las pupilas empañadas por la niebla del aburrimiento, hermano y hermano elevan las cabezas hacia los odiosos cabellos del sol para sentir cómo se derrite en sus mutuos corazones la negra escarcha del tiempo perdido.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario