viernes, 10 de enero de 2014

Las jugadas del amor

En ‘El Túnel’, de Ernesto Sabato, el narrador se enamora de una mujer y comienza a barajar todas las probabilidades posibles de un encuentro con el objeto de sus sentimientos. En esta sección de la historia muchos lectores, especialmente varones, se sienten identificados.

Seamos honestos. No hay enamorado carente de premeditación, de esta virtud de tahúr o de matemático del alma. ¿Quién jamás no ha evaluado las mil y un formas de cautivar a una chica, por más recurrente y estúpida que sea la enrevesada fantasía?

Cuando la cucaracha de la pasión se introduce bajo la piel del corazón humano, las manos de Cupido trabajan laboriosas en las próximas maquinaciones románticas.

El apostador examina todas las cartas de la actual mano y en cálculo rápido traza la jugada siguiente. Sabe, mucho antes de atravesar las puertas de las pasiones sin retorno, que el amor es un estratega empedernido: juega rápido, juega sucio y juega bien. Es la banca, el naipe, la ficha, la ruleta y el croupier. No perdona cronómetros o vacilaciones. No admite excepciones. Si se produce una mínima brecha en el tablero de ajedrez, el hombre enamorado debe mover la reina de una vez por todas o resignarse a la derrota segura.

Un buen amigo dijo, en una conversación sobre desazones amorosas, que el amor es como la lotería. Le concedí la razón. No hay analogía más exacta para describir a este avatar informe, azaroso, traicionero e impredecible.


Después de todo, se trata de ganar o perder en el casino de los sentimientos.

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