miércoles, 8 de enero de 2014

Sombras inmutables

Hay personas que no cambian nunca. Seres incapaces de transformar las vilezas en virtudes. Vasos llenos de corrosiva terquedad que intoxican los pétalos de un desilusionado corazón. Almas estériles de tanto rencor que guardan bajo la piel de una máscara sonriente.

En este túnel de muerte cargado de penumbras corruptas hallaremos a quienes se resisten a la madurez y a las moralejas. En la telaraña de las relaciones personales conocemos a alguien que ‘no se rescata más’. El fruto podrido en el cajón de manzanas. La gota de sangre perdida en el mar que atrae a los tiburones. El punto negro en el blanco papel o la piedra en el zapato de Dios…

Todas las metáforas son válidas. Todo adjetivo despreciable le queda bien a aquel cuya mediocridad parece inmortal.


No permita, lector mío, a pesar de estas brutales palabras, que estas sombras inmutables lo atemoricen en su trayecto de vida. No sucumba al miedo o a la rabia. En los senderos del destino siempre habrá hombres secos que querrán con sus necios balbuceos entorpecer nuestros caminos.

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