miércoles, 5 de febrero de 2014

A mitad de camino

    En otras circunstancias, compartiría mis maníacos arranques de felicidad por haber llegado a cincuenta publicaciones; una manera mediocre de decir que estoy a mitad de camino de los cien textos que, desde el primer momento en que decidí abrir esta sección virtual, me parecieron utópicos.

Hoy, con mi computadora inutilizada y acumulando polvo, escribiendo en el dispositivo portátil de mi hermana, en los últimos calores del verano moribundo, no me siento muy feliz.

Con teclas prestadas y el ritmo de escritura virtual reducido por la desgracia mencionada con anterioridad, avanzo a paso de tortuga por el laberinto de Internet.

El espectáculo, damas y caballeros, debe continuar a pesar del presupuesto y la censura. Sin pretensiones de convertirme en orador motivacional, uno no puede sucumbir a la pereza o a la derrota por una flaqueza de espíritu o la intromisión de un virus en la base de datos.

Cuando un hombre tiene un sueño, trabaja lo que puede con lo que tiene. Y lo que ahora tengo no es nada despreciable, pero si demoro quince minutos más de la cuenta, mi hermana me arrancará el aparato de los dedos. Exagero, pero, saber que estoy rumbo a la montaña de las cien publicaciones me da buen motivo para pelear las rondas siguientes por una meta miserable.

Mi tiempo ha expirado. Habrá más opiniones marginales, por supuesto. En el restaurante del tiempo, ya hemos disfrutado de la entrada. Ahora, mi queridos comensales, vendrá el plato principal. Disfrútenlo.

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