viernes, 28 de febrero de 2014

Tus lágrimas tienen precio

     El programa de Guido Kaczka tiene recursos inagotables a la hora de desplegar el arsenal del entretenimiento televisivo. Uno de los juegos más recientes en el programa consiste en llorar, literalmente, en menos de un minuto para obtener el premio mayor: una pantalla de cristal líquido. Los participantes gozan de privilegios especiales en esta competencia singular: solicitan a la producción algún tema musical nostálgico o concurren ante las cámaras con sus parejas para explotar un recuerdo encriptado. El espectáculo devalúa el peso de la ternura, sacrifica la emotividad humana y eleva a la audiencia hacia las montañas de la mediocridad.

La sal de la ironía reviste el hecho de que el observador se regocije en el análisis del llanto ajeno, en el detenido escrutinio de caretas de carne viva que se contraen en muecas de niño azorado, en búsqueda de un electrodoméstico poderoso o un puñado de billetes. Escribió Bierce que la felicidad es la contemplación de la desgracia ajena. El circo mediático no nos brinda felicidad, pero nos ofrece risa, un mero sustituto de bienestar espiritual. En vez de celebrar la exhibición del ingenio o la prominencia de la originalidad, nos acomodamos en la sala de estar y clavamos los ojos en la muchacha que irradia cristalinas lágrimas de rabia a través de la pantalla para obtener la victoria en un juego que menoscaba el valor del llanto.

Lector, tus lágrimas tienen precio. Tus emociones tienen un precio. Ríe tras bambalinas para estimular a la audiencia de reidores y te darán un billete. Fabrica un escándalo que lacere los pulmones de la farándula y te darán diez. La televisión carece de ideas, y a falta de ideas se recurre a la falsificación de identidades, sentimientos y controversias.

Esta situación es digna de llanto. Sin embargo, aparte de los productores, puedo inferir otro beneficiario en el negocio de la lágrima: Julio Cortázar, autor de un microrrelato genial titulado ‘Instrucciones para llorar’. El que quiera ganar el concurso, debería atenerse a las recomendaciones de esta pieza literaria. O, por lo menos, darle una linda ojeada.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario