viernes, 28 de marzo de 2014

El mundo es demasiado grande

Tengo la impresión de que el mundo es demasiado grande para mí. Vasto, oscuro e infinito. Y, asimismo, la sensación de que soy un pobre diablo que a duras penas se atreve a salir de su casa. Nunca me han interesado los viajes memorables o las aventuras extraordinarias. No me importan. Viajar en un avión será toda una experiencia inolvidable para cualquier mortal; yo soy cobarde, me aterran los aparatos voladores y las burocracias de la aduana.

El Universo es casi tan infinito como mi aburrimiento. Tan poca sed tengo de movilidad que, con un libro y una cama, me conformo. Hallo mi felicidad en los placeres sencillos. Punto y aparte.

En una nota marginal escribí: ‘Soy un niño pequeño en un mundo de gigantes’. Este sentimiento no deja de acompañarme. Camino entre quimeras y cíclopes, acorralado entre guarangos y princesas, Escilas y Caribdis. Los viajes en colectivo, las clases de facultad, los clientes de la pizzería, las multitudes en las plazas…

¡Cuán pequeñas parecen mis ideas ante la avasalladora realidad que se me impone!

Conozco mis convicciones, mis orígenes y mis metas. Mientras la brújula del espíritu prevalezca sobre mis ánimos, confío en que podré mantenerme de pie en el jardín de los dragones egoístas.

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