martes, 22 de abril de 2014

El postergador

En el decurso de la Semana Santa, he dedicado las sacras mañanas a consumar la lectura de ‘Drácula’, la famosísima novela de Bram Stoker. Es irónico. La cristiandad toda conmemorando la crucifixión del Mesías, y yo, el más insignificante de los prosélitos, entregando mis ojos a la prosa victoriana.

He postergado mis deberes universitarios en pos de la sombra de un vampiro de tinta. La literatura, elevada a extremos ilimitados, tiene sabor a vicio. Dícese de cierto escritor que éste decidió renunciar a sus estudios y entregarse de lleno a la literatura. De este narrador de historias sólo puedo decir que tuvo mucha fortuna de haber nacido en una patria llena de cazadores de talentos. En mi nación, los polémicos y los mentirosos prosperan con demasiada facilidad. Y yo, carezco del sentido de la polémica y la estafa para imponer mi voluntad sobre las voces de los charlatanes.

Me tomo la molestia de citar a Borges, robándole palabras de un relato famoso: ‘Lo cierto es que vivimos postergando todo lo postergable; tal vez todos sabemos profundamente que somos inmortales y que tarde o temprano, todo hombre hará todas las cosas y sabrá todo.’


Soy un postergador del deber. Me encanta dejar todo para la última hora del día a fin de disfrutar de los pequeños hábitos que amo. Leer y escribir. Y si eso llegara a afectar mi futuro, no lo lamentaré, aunque me lo reprochen todos los seres cuerdos del tangible mundo.

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