martes, 1 de abril de 2014

La palabra es poder

He escrito poemas que arrancarían lágrimas de las piedras. No es presunción o narcisismo. Ayer he compartido versos fúnebres con mis compañeros de taller literario. En los ojos entreví el impacto de las palabras. La atención de mis íntimos lectores es mi mayor tesoro. Un escritor no suele medir la repercusión de sus obras, hasta que es demasiado tarde para reparar en ello.

La palabra es poder. El poder de penetrar en el corazón del hombre y sembrar en el espíritu sentimientos prestados, pero no menos ciertos que el viento entre mis dedos y la hoja de los árboles. Un poder que no se transmite entre las masas indiferentes que no leen ni escribe. Es electricidad del alma que se propaga a través de los seres sensibles. Es una conexión entre conversadores, un puente entre dos mundos. Entrar en contacto con el otro, la unión de dos personalidades diferentes a través de un espejo de tinta, es maravilloso.

En ‘Fahrenheit 451’, un bombero lee un poema ante la presencia de tres mujeres. Una se echa a llorar y no sabe por qué. La escena que describe Bradbury aquí excede la noción de genialidad. Explica una realidad. La realidad de la ficción, de la poesía y del arte. Cuando una gota de tinta te toca la vida entera, no hay palabras para desnudar toda la dimensión de impresiones que circulan en tu sangre. Irónico: no existe palabra en este mundo para definir el efecto de las palabras.

Todo escritor teme, a la hora de las publicaciones, la falta de talento; yo temo, en cambio, el exceso de poder. Tengo miedo de crear elegías perfectas y desgarradoras, tragedias oscuras e historias demasiado macabras para ser reproducidas en la mente de mis víctimas lectoras. Si escribo cada vez más, veré a las mujeres llorar, a los hombres compungirse y a los niños dejar de jugar. Mi mundo se transformará en una lágrima gigante que se estrellará contra el muro inexorable de la verdad. Y terminará desintegrándose hacia el final de la hora nocturna.

La palabra es poder. Y a veces, cuando me felicitan por la excelencia de un poema con una palmada en el hombro, me horroriza tener esta clase de poder.

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