martes, 13 de mayo de 2014

Instrucciones para tomar un colectivo en un día lluvioso

Las lluvias tienen fama de ser torrenciales en Buenos Aires. Si no hay inundaciones, hay grandes charcos en las trémulas esquinas. Si una de estas lagunillas limita con una parada de colectivo en una calle muy transitada, los habitantes de la húmeda intersección corren el severo riesgo de mojarse el cuerpo entero. La profundidad de los pozos, la crueldad de los conductores, la vulnerabilidad de los peatones: estos tres factores determinan la proporción de agua que desciende sobre tus zapatos recién estrenados.

Solución obvia ante singular problemática: cambiar de parada. En caso de inmovilidad forzosa o contrariedades externas, ejecutar las recomendaciones siguientes.

Aléjese del borde de la calle. Observe el horizonte. Refúgiese bajo los bronquios de un paraguas, un árbol o un techo. Contemple la cadencia del tráfico, fíjese en los vehículos que recorren la avenida. Esté atento al colectivo que vaya a tomar. Si lo ve, asómese al cordón amarillo de la vereda, con la precaución de saltar hacia atrás si un transporte motorizado amenaza con embadurnarle la cara con agua estancada. Compruebe si su autobús corresponde a la línea y empresa apropiadas. Si el chofer no es un imbécil, se detendrá. Cierre el paraguas, si lo tiene. Ya puede subir.

Consumadas estas instrucciones para tomar un colectivo en un día lluvioso, he pensado en la conveniencia de agotar todas las posibilidades de asumir el rol como pasajero de transporte público. Ya saben, escribir textos en formato minimalista con títulos proféticos: ‘Instrucciones para ceder el asiento a una embarazada’, ‘Lectura de graffitis en los asientos de un bondi’, ‘Ensayo breve sobre los vendedores ambulantes’… Me disuade de este humilde proyecto la pereza, la falta de tiempo, el hecho de que en un libro famoso de Cortázar haya una decena de instrucciones para todo, el riesgo de que los lectores me acusen de plagio o de perversión…


Me contento, pues, con llegar a mis destinos en tiempo y forma lo más seco posible en épocas de tempestad. Y que Dios me ayude a esquivar las zanjas de la vida que entorpecen los caminos de los hombres.

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