viernes, 9 de mayo de 2014

Tenés razón...

Mi padre sostiene la creencia de que la literatura es poco práctica; en todo caso, contempla únicamente a la Biblia como pieza indispensable para la vida del hombre. Numerosos individuos se adscriben al pensamiento de que la escritura artística carece de sentido. Si te apuntan con un revólver en el decurso de un acto delictivo, recitar sonetos de Shakespeare no te salvará la vida.

Como buen cobarde que soy, escribo mis reflexiones fuera del campo visual de la familia. Prefiero evitar las polémicas directas; uno de mis benévolos lectores comprenderá el motivo de mi cobardía.

Hoy, por la mañana, mi padre encontró un libro prestado. ‘Rayuela’, de Julio Cortázar. Lo hojeó con cierto desdén; adivinó que se trataba de un hombre ‘que quería alcanzar el Cielo’. Arrojó el tomo contra mi cama.

–¿Lo ves? No sirve de nada estudiar en la Facultad –bromeó.

Experimenté el impulso que el argumento no era tan simple. Pero no gano nada con los debates. No gano nada con pensar. Callé. A lo mejor tiene razón. Tal vez la vida sea una línea sencilla que nosotros, los artistas, desfiguramos a cada rato porque no soportamos la falta de profundidad. Tal vez deba renunciar a mis sueños de tinta y entregarme al pragmatismo para no chocar contra la pared de la decepción. Tal vez deba dejar de perseguir la ilusión de construir historias y buscar multiversos perdidos desde la comodidad del escritorio. Tal vez, el mundo es demasiado simple, y yo soy el complicado.


Sí, papá, tenés razón… No sirve de nada estudiar en la Facultad…

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