martes, 5 de agosto de 2014

El microscopio

Han ocurrido muchas cosas desde mi última publicación en este espacio. Insólitos pasajeros de colectivos, peatones urbanos con muchas historias encima, estudiantes de Facultad e incidentes estudiantiles inexplicables…

El mundo es un lugar lleno de rarezas por donde quiera que se lo mire. Si no me atrae salir de las fronteras de mi país para contemplar criaturas exóticas o sitios tenebrosos, es porque contemplar una callecita de Flores o un perro destripado a un costado de la carretera me produce el mismo impacto.

Me asombra lo más chiquito, lo insignificante, lo cotidiano. Mi alma es un microscopio. Tomo una partícula del tiempo, la examino, la dilato y la exagero.

Lo grande es pequeño, lo pequeño es grande. La política puede pasar desapercibida ante mis ojos, pero si mi hermano toca mi computadora, hago un lío de mil diablos.


Esta es mi visión del mundo. La del microscopio en el dormitorio del científico que, en vez de preocuparse por los asuntos importantes, se dedica a analizar los restos de un almuerzo, los bordes de una moneda o la yema de los dedos.

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