domingo, 17 de agosto de 2014

Héroes argentinos

El aniversario de la muerte del General Don José de San Martín constituye una excelente oportunidad para replantear mi visión de ‘patria’. Mi infancia floreció en un país “sin héroes”, en una nación herida por la crisis económica, la deuda externa y el neoliberalismo desmedido. No por eso fue menos alegre, y, ciertamente, no me di cuenta de las grietas que desgarraban la realidad de Argentina hasta que desarrollé las neuronas necesarias para entenderlo.

En mi feliz estupidez de párvulo hermético, ignoré o quise ignorar la comprometida situación social en la que se encontraba Argentina. La televisión me bombardeaba los ojos con imágenes de saqueos en Capital Federal: la atmósfera era terrible, la escena era tan barroca, y, sin embargo, no me resultaba difícil apretar el botón de VIDEO y entretenerme con mi consola de juegos. Era niño aún, y los argentinos más viejos comprenderán mi sincera estolidez.

Me pregunto si San Martín habrá dilucidado este porvenir medianamente distópico. Caminás por la calle, y tenés miedo de que te arranquen los ojos. La vecina acribilla al comerciante de la esquina con interjecciones de asombro cuando se entera de que el precio de un paquete de yerba mate subió hasta el Reino de los Cielos. Los políticos enhebran discursos retorcidos y se dedican a ultrajar minuciosamente a sus adversarios ideológicos…

Y San Martín, encerrado en el continente de papel que es el billete de diez pesos, mira a un costado, no por voluntad propia, sino porque un ilustrador lo dispuso así: es una imagen, es una leyenda, es el rostro de un hombre enfermo que cruzó una cordillera, la cara de un prócer que nació en Yapeyú y murió en Francia.

Y uno puede preguntarse hoy en día dónde están los héroes argentinos: si en la Casa Rosada, bajo la forma de una mujer; o, en el Vaticano, bajo la forma del Papa; o en el último mundial de fútbol, en los corazones de los hombres que pugnaron por la Copa bajo el manto de Sabella.

¿Dónde están los héroes? ¿En los billetes, nada más?

Es hora de apagar la máquina de transmisión de pesimismo existencial: si te meto una sarta de observaciones oscuras en el cráneo, tu cabeza se convierte en un buzón de quejas. Hay esperanza. Tiene que haber esperanza. Aún hay alumnos, con guardapolvos y lapiceras, que entonan el himno nacional con orgullo en los actos escolares. Hay hombres y mujeres que creen en un futuro mejor, que desafían a la contaminación ambiental, a la corrupción policial y a la inflación, que publican libros desafiantes y se comprometen con el arte.

Hay héroes. Héroes argentinos. Y los vemos todos los días. Sentados en las aulas, repartiendo pan entre los pobres, vendiendo manzanas acarameladas, fragmentando sueños, inyectando ilusiones…

No hace falta liberar tres países para ser héroe. Basta con comprender con cuánta abnegación San Martín hizo lo que hizo para clavar una espada en el pecho de Clío y hacer que la Musa sangre historia.

En fin, tenemos que ser optimistas, che. O juremos con gloria morir…

Así es como concluye nuestro canto. O juremos con gloria morir…


O juremos con gloria morir…

No hay comentarios.:

Publicar un comentario