miércoles, 10 de septiembre de 2014

Incomprensión

–¿Cómo vas a ayudar a las personas con ‘esa’ mentalidad? –sentencia mi madre, y acaba la discusión.

No puedo exponer aquí el tema del debate. Estaba enojado. Su última frase fue una puñalada al corazón. Bajé un poco el tono de voz, intenté descomponer mis argumentos ya rotos.

–Dejá, seguí estudiando, vos no me comprendés –dice mi madre.

Es verdad. No sólo no la comprendo a ella. No comprendo a nadie.

Se fue a la cocina. Para ella, estoy estudiando, cuando en realidad estoy escribiendo y fingiendo que sus palabras no me hirieron.

¿Por qué expresar aquí mi pequeña miseria cotidiana, a riesgo de macular la imagen de mi benévola progenitora? Tantas veces me censuré a mí mismo, taché opiniones marginales que podían ser nocivas o tóxicas para algunos lectores que yo conozco, aborté centenares de prosas con el aguijón de mi conciencia.

Por mi mentalidad. La mentalidad de un pasajero que tren que no quiere soltar una moneda de un peso para dársela a un mendigo ferroviario que sólo pide diez centavos; y, sin embargo, este mismo pasajero, al regresar a casa, escribe sobre el bien, sobre la literatura, sobre Dios…

Un hipócrita, donde quiera que se lo mire. Y ese hipócrita soy yo.

Y así me siento ahora. No soy bueno, nunca lo he afirmado. Y siento que ella, en su cólera efímera, me dijo una verdad. No la comprendo. No comprendo del todo a nadie en este mundo. Sin importar cuántas veces choque mi cuerpo con los peatones de la avenida, no estoy más cerca del corazón de la humanidad por deslizarme en una multitud caliente.

¿Cómo voy a ayudar a las personas con ‘esa’ mentalidad? ¿La mentalidad de un hombre que no mueve un pelo por nadie y sin embargo desea una revolución nacional?

Mi familia no lee lo que escribo. No quiero que sepan que tengo corazón. Que me vean como el pecador juvenil y deficiente que soy, como un estudiante marchito, un adolescente atravesado de frases bíblicas…


No estoy feliz esta mañana. Y mucho me temo, si buscabas consuelo en mis palabras, no puedo ayudarte. Hoy ni siquiera me comprendo a mí mismo.

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