martes, 2 de septiembre de 2014

La sensación de inseguridad



Una profesora de Lengua y Literatura describe así, en su perfil de Facebook, un episodio de inseguridad. Inmediata solidaridad y confraternidad de todos los familiares, allegados e incluso contactos virtuales. Que un asaltante amenace a un conductor a mano armada, mientras el resto de los miembros de la familia presencian el infortunado acto, no es la más deseable de las escenas cotidianas.

No hay argentino que pueda negar la inseguridad. Y quien la niegue, no es argentino.

Si hay algo que nos caracteriza es el sentimiento de intranquilidad que se apodera de los ciudadanos cada vez que se nos informa de un robo o un asesinato. El miedo es la sangre de la ciudad. Nadie sale del hogar de la misma manera una vez que te arrancan el celular de las manos o te apuntan con una pistola. No es la pérdida material, es la posibilidad de perder a un ser querido o incluso de perder la propia vida en el asalto.

Una vez que ponemos un pie en la calle, en lo único que pensamos es en volver a casa. Y este terror es un patrimonio colectivo, inseparable y constitutivo de nuestra condición humana.

Escribo desapasionadamente, con la prosa en frío, para no exaltarme y para no manchar con improperios el latido de mi discurso. ‘Hay que matar a esos negros de…’ o ‘La pena de muerte’  son los tópicos que elijo esquivar en mis miserables párrafos. Lo que procuro retratar es la pregunta que todas las víctimas de delito se hacen después del atroz acto: ‘¿Hasta cuándo…?’  ‘¿Cómo es posible…?’ ‘¿Por qué el Gobierno no…?’

Y todo este laberinto de emociones encontradas forma parte de nuestra vida cotidiana.

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