jueves, 16 de octubre de 2014

Corazón agridulce



Mi corazón se ha vuelto tan agridulce en estos días… ¿Por qué será? Paso revista a todos los acontecimientos, grandes y pequeños, que me llevan por encima, y no encuentro una razón lógica para sentirme así. Vacío.

Me irrita, por ejemplo, los intermitentes arranques de alegría de Luna Roja en los momentos en los que no le puedo ver un solo sentido a la vida. Ella puede sonreír cuando a mí no se me antoja hacerlo. Reconozco que es un favor maravilloso que intente sacarme de mí mismo, sacar a pasear mi alma de la cárcel que es mi pecho, enfermarme de ganas de conocer el mundo…

Pero no. Yo me rebelo y me cruzo de brazos. Me pongo malhumorado por voluntad propia y pincho los globos de la gran fiesta que puede ser mi vida. Me saboteo a mí mismo, porque puedo hacerlo, porque tengo ganas.

Tanto optimismo había en mis escritos anteriores que no me reconozco ahora. Estoy tan terco y rabioso. Y no sé de dónde proviene todo este manantial de aguas mustias. No sé dónde se fue toda mi luz. No sé porque mi mente en blanco piensa en negro. No sé…

Esta noche, tengo el corazón agridulce.

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