viernes, 17 de octubre de 2014

Perdiendo el tiempo


Luna Roja no ha venido. Entre el final de la clase de Literatura Norteamericana y el comienzo de mi jornada laboral como telefonista tengo, por lo menos, dos horas de mi vida para quemar. He gozado un módico almuerzo universitario (café con leche y dos facturas), he gastado muchos minutos en la fotocopiadora y aun así, estoy en un dificultoso espacio vacío.

De modo que entré a este locutorio, al que bajo ninguna circunstancia pienso llamar ‘ciber’, porque el uso de neologismos anglófonos me repugna cuando escribo. Pulsar botones de un viejo, polvoriento y descuidado teclado es mejor que permanecer solo en las escaleras del subsuelo de la Facultad.

El local se encuentra justamente delante de la Universidad. Basta voltear la mirada para contemplar al monstruo. Sus persianas verdosas como los musgos de un pantano maldito, la fachada blanca como la cara de un muerto que no muere.

Es curioso entrar en el interior de una ballena y salir de ella. Dentro de esas aulas me siento ahogado, como un condenado que espera su sentencia de muerte en la mugrienta intimidad de su celda. Es el camino que elegí, no lo niego; estoy comenzando una carrera, y espero poder seguirla.

Solo que a veces me pregunto qué objeto tiene buscar conocimiento si, cuando perezca, ningún saber humano me servirá de nada.

Entran, salen, entran, salen. Profesores y estudiantes. Y seres que aspiran a una revolución que no comprendo. Como automóviles de carne, como hormigas vertebradas. Van y vienen, vienen y van.

Y yo me estoy convirtiendo en eso. Y mi poesía se sublima, se comprime. Y la garganta se me corta en una chirriante tartamudez. Me estoy pudriendo en mi madurez. Me estoy enfriando en medio del calor de la primavera. Estoy creciendo, y a medida que crezco, mi vida se va haciendo cada vez más pequeña. Estoy olvidando el significado de cada sueño. Viviendo, estoy muriendo.

¿Qué hago? ¿Qué estoy haciendo? ¿Aquí? ¿Ahora? Estoy perdiendo el tiempo. Y, hasta que llegue la hora de trabajar, es lo único que puedo hacer.

1 comentario:

  1. Me haces reír, me haces llorar, me reflejas. Sos un escritor impresionante. :)

    ResponderEliminar