sábado, 29 de noviembre de 2014

El tema más triste del mundo



La muerte de un comediante es el tema más triste del mundo. El fallecimiento de Roberto Gómez Bolaños no es el primero en herir los ojos de la comunidad occidental; ya Robin Williams, cuyo legado en la cinematografía es incalculable, desgarró con su muerte al mundo. Entre artistas no hay comparación. Ambos, desde sus púlpitos de cristal, dibujaron huellas en generaciones enteras de televidentes y cinéfilos.


En ‘La vida es sueño’, de Pedro Calderón de la Barca, el único acontecimiento que me llenó de congoja es la muerte accidentada de Clarín. Un detalle transgresor: en el teatro, el que ríe no tiene que morir nunca. La vida no es un escenario, y los que ríen duermen con los que lloran. Una lástima.


Latinoamérica rinde homenajes y elegías a alguien que hizo reír a grandes y chicos. El llanto, al igual que la risa, no dura para siempre. Parece ser que esto es la vida: una yuxtaposición de tragedias y comedias, entreactos y telones. El vestuario, el elenco, los guiones, los escritores. Todo puede cambiar.


Que las risas permanezcan imperecederas en el tiempo. Que así sea.

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