viernes, 14 de noviembre de 2014

Examen



Hoy tengo examen. Una cosa es que me guste la literatura norteamericana; otro asunto, completamente diferente, es que sepa aplicar conocimientos en una hoja de papel, escribir con desenfado durante dos horas, entregar la hoja a una profesora joven y bonita, salir al pasillo y gozar de la compañía de jóvenes que fuman…

Mariano fuma. Ernestina fuma. Camila fuma. Luna Roja y yo no fumamos. No queremos morir. Podemos morir de miedo o de ansiedad, incluso morir de pena por amores que nunca nos correspondieron. Así somos: hermanos adoptivos del tiempo, Luna Roja y Sombra Azul, abstemios de lo tóxico, hastiados de teorías, comerciantes de lástimas mutuas, trémulos consejeros, conversadores y literatos.

No fumamos. Necesitamos nuestros pulmones. Quiero respirar con los míos los campos que pisaré el día de mañana. Luna Roja quiere lo mismo: ella me metió en la cabeza la idea de los viajes. Me tomó por la nuca y me disparó a quemarropa la idea del cambio. Creo que la mayoría de las personas que he conocido me acribillaron con el mismo pensamiento. Sólo que Luna Roja me puso un petardo en la boca, salió corriendo y me dejó con la boca ensangrentada de reflexiones.

Tengo ganas de sangrar sueños. Desperezarme, salir de mí mismo. Cometer una locura lo suficientemente pequeña para no molestar a nadie, pero lo suficientemente grande como para que todos digan: ‘¡Ey! Esto es algo que este tipo no haría, ¿qué pasa acá?’

Yo soy la Sombra Azul que nunca fuma. Yo soy la Sombra Azul que siempre escribe. Yo soy la Sombra Azul que siempre espera. Sombra Azul de tanta tinta en cada una de sus venas.

No fumamos. Esperamos, como reos de buen comportamiento, la nota imprecisa, como quien espera una puñalada en la estación de tren.

Hoy tengo examen. Y sé, a todas luces, que me irá mal. Y esta premonición no me llena ni de vergüenza ni de orgullo. Solamente lo sé.

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