jueves, 11 de diciembre de 2014

A cinco minutos de la medianoche



Estoy profundamente angustiado. A cinco minutos de la medianoche escribo a la luz de una vela corta. Odio los apagones. La falta de computadoras, televisores, y reproductores de audio me obliga a pensar. Me encuentro con mis propias pesadillas. No puedo dormir. Me acostumbré al cansancio de las pantallas de cristal. Liberado del trance hipnótico de las tecnologías modernas, soy un hombre libre. Esta libertad me llena de miedo, porque siempre me conduce a pensamientos funestos que no quiero discurrir.

Le suplico a Dios que me mantenga cuerdo en silencio, por lo menos hasta que pueda terminar de escribir estos párrafos. Rechinan las ventanas y cruje el tejado de cinc. El silencio está lleno de ruido.

La noche es un trozo de carne fresca y mis hermanos intercambian bromas mientras yo me mantengo congelado sobre la silla, junto al secreto latido de un pábilo mortuorio.

Necesito seguir escribiendo. De otro modo, siento que voy a enloquecer.

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