sábado, 20 de diciembre de 2014

Una escena violenta



Nadie sabe bien de dónde vino el hombre y cómo surgió este episodio; pero lo que parecía ser un vendedor ambulante increpaba a un joven de remera verde contra un coche negro, a un costado de la plaza de Flores.

–¿A quién le decís loco? –gritaba el conjetural comerciante, que en sus robustos brazos portaba una incalculable cantidad de fundas de celulares y otros productos minúsculos que no puedo recordar.

Los gritos estallábanle en la cara; el agresor, aterrador y simiesco, pudo haber arrojado toda su mercancía al suelo para apoderarse del cráneo de su intimidado interlocutor y estrellarlo contra el parabrisas del coche estacionado.

El otro casi no respondía; desviaba la mirada y balbuceaba simulacros de disculpas. Era joven, moreno y con la cara alargada por el mal momento que estaba pasando.

Aminoré la marcha, al igual que no pocos peatones, y no intervine. Cinco metros más tarde, alcé la cabeza en dirección a todas las esquinas visibles. Ni un solo agente de policía asomaba su justiciera cabeza para contemplar esta escena de violencia urbana.

Buenos Aires es un barril de pólvora. Y las palabras equivocadas son la chispa que puede encender una flor de ira en la ciudad.

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