martes, 20 de enero de 2015

La democracia tiene sabor a utopía



La democracia tiene sabor a utopía. Miro detenidamente a los pasajeros de un tren y ellos no sienten que viven en democracia. Al contrario: miro los rostros apretados, distraídos, poco orgullosos, absortos en las banalidades de la vida o temerosos de la delincuencia. Uno está atento a las manos de los funcionarios: se mueve un dedo y critican el vuelo de una mosca. Ya está implícita en la naturaleza del argentino desconfiar de los políticos que ha elegido y que no ha elegido.

Corro el riesgo de que me digan que soy un estúpido al no reconocer la democracia en la cara. ‘Si hubieses nacido en la dictadura’, pensará más de uno. Sólo escribo lo que veo, lo que percibo, trato de explicar el sabor que tiene el aire de este presente torcido.

Hay una mezcla de miedo, sospecha, suspenso, deshumanidad en el viento. Como si nuestra forma de gobierno, como si la democracia de todos los mundos, estuviese hecha de cartón. Pero, ¿qué puedo saber yo de política?

Sólo sé que ahora, en esta noche fúnebre y fatal, siento tanto miedo al escribir esto como vos podés sentirlo al leerlo.

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