martes, 20 de enero de 2015

La política mata



Hay una razón muy especial por la cual asocio a la política con la muerte. En las vísperas de la crisis de 2001, mi padre miraba la televisión. En vivo y en directo, reconoció el rostro de uno de los repartidores de la pizzería en la que trabajaba. Había muerto. Mi papá comenzó a llorar en casa. Yo lo miré, miré la pantalla y dije:

–Papá, ¿puedo jugar al SEGA?

Terminó de llorar, enchufó el aparato y olvido el asunto.

Años más tarde, el recuerdo se sedimentó en mi mente, y terminé asociando este episodio con la violencia y el derramamiento de sangre.

‘La política mata’.

Este ha sido mi pensamiento, mi prejuicio y mi más grande temor en lo que respecta al gobierno. De modo que, cada vez que mis profesores bromeaban con que yo algún día sería un gran presidente, les respondía con una risa cortés que no, que no y que no.

Porque yo no quiero ser un asesino.

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