viernes, 17 de abril de 2015

Lo que la literatura unió...



Mi hermano ha adquirido un reciente interés por la literatura a raíz de un relato de Horacio Quiroga titulado El hombre muerto. Tiene doce años. Cuando expresó su curiosidad por las obras del autor uruguayo, nos sentamos en el comedor y empezamos a hablar. Raras veces intercambiamos dos o tres palabras sin insultarnos. Le expliqué algunas características sencillas de la obra de Quiroga: las descripciones exhaustivas, el latido omnipresente de la selva, el tratamiento del horror en la prosa. Inevitablemente, mencioné a Poe. Nombré, con naturalidad, otros cuentos: El corazón delator, El gato negro, El barril del amontillado. A mi oyente le fascinó de inmediato el acto de ocultar un cadáver debajo de unas tablas de madera.

La conversación tomó otros derroteros, decantándonos por los misterios de las historias gráficas: Batman en los tenebrosos pasillos de Arkham, el Capitán América agarrándose a las trompadas con Iron Man. Relatos más mundanos pero no por ello menos profundos.

La literatura une lo que el amor fraternal no pudo unir. Empero, ¿por qué no creer que al arte es una de las posibles manifestaciones del amor al prójimo?

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