viernes, 1 de mayo de 2015

Cariño a discreción



–¡Hay que ser cariñosos! –dijo un hombre, en la iglesia, y agarrándome del cuello, me abrazó.

‘¿Por qué hay que demostrar cariño cuando no lo sentimos?’ me pregunté a mí mismo.

De todas maneras, soporté el abrazo. Hay ciertos engaños que, para no quedar mal con el otro, deben ser perpetuados.

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