martes, 5 de mayo de 2015

En la selva digital



Como novelista, fracaso una y otra vez. Como cuentista, he incursionado en numerosos relatos de los cuales siento orgullo. Como poeta, impongo mi verso desde una métrica rigurosa. Pero como cronista –como pseudocronista o cronista del alma en tanto no todas mis crónicas abordan la realidad directa– de mis opiniones marginales, como autor de un género aislado y de dificultosa acepción académica, sin vanagloria confirmo la lánguida longitud de mi producción.

Cada escritor encuentra su estilo, su género y su espacio en el mapa misterioso de la literatura. Pienso en este blog no como en un mero sitio virtual donde cuelgo ideas como el asesino que cuelga cadáveres de animales en un frigorífico nocturno. Hay novelistas, hay cuentistas, hay poetas, hay dramaturgos… El destino me deparó una trayectoria secreta en la selva digital. No soy un bloggerman, en tanto mis artículos no están pensados en función de un formato visual: no hay fotografías, no hay objetos vistosos, no hay videos. Sólo texto. La materia de mis sueños es el lenguaje.

Mi fascinación por Arlt es infinita: sus Aguafuertes porteñas saltan de la hoja de periódico, se dejan resignificar por las generaciones futuras y se editan a modo de libro. Preconizo en mi espíritu el ambicioso sueño de condensar estos intangibles párrafos en un tomo selectivo. ¿Aguafuertes virtuales? No, aunque hubiera sido un título elogioso. Opiniones marginales es el libro de mi vida. Y en él me construyo y me planto ante el mundo como escritor.

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