viernes, 8 de mayo de 2015

La muerte digna de un personaje literario



Julián está muerto. Su cadáver descansa en la mesa del comedor. Soy el único miembro de la familia que puede verlo. Este es el tema del relato que quiero escribir ahora.

–¿Hasta cuándo me vas a ignorar? –me interroga el otro imaginado.

Estrella Negra, mientras tanto, ha comenzado a cebar mate.

–¿No me vas a dar una muerte digna, por lo menos?

Mi hermana me entrega el brebaje misterioso.

El muerto enmudece. Es sólo un pedacito de historia que no ocurrió. Miro la mesa de la cocina y lo miro con cierta lástima. No hay ningún cadáver allí. Julián está allí. Yo soy Julián. Sigo vivo, estoy escribiendo un artículo dudoso, tomo mate con mi hermana. Esta es mi realidad. No hay muertos que hablan o vivos que sueñan muertes.

–Juliii… –insiste la chica de cabellos negros que comparte mi sangre.

Otro mate. Pacientemente bebo, pacientemente escribo, pacientemente espero el estallido de un acontecimiento trascendental. Nada ocurre. La televisión está encendida, mi hermana respira, Pancho se estira en todo su perruno esplendor sobre las pálidas baldosas del comedor.

Sí, esta es mi realidad. No estoy muerto. En un rato debo ir a Flores. Me apresuro a concluir mi opinión marginal con un comentario: sólo los personajes literarios pueden tener una muerte digna en este mundo de quimeras y de esperas.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario