domingo, 17 de mayo de 2015

La pregunta



–Hermana, ¿su hijo se droga?

Eso fue lo que preguntó un honorable señor a mi madre cuando yo llegué a la iglesia. Una pregunta que llega a mis oídos siete años después en una conversación casual.

‘Menos mal –pienso– que no dejé de ir’. Evidentemente, aquel buen hombre confundió la timidez de un chico de quince años con un caso de síndrome de abstinencia.

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