sábado, 20 de junio de 2015

El regalo



–Hoy es el cumpleaños de Hebe.
–¿Y quién es Hebe?
–La esposa de Roland.
–Ah.
–Ella hizo empanadas de carne y sanguches de milanesa para nosotros, después de los programas de radio, ¿te acordás?
–Sí, ¡cómo no me voy a acordar! El frío nos mordía el alma.
–El interior de la casa era cálido, ciertamente. Y no sólo por la estufa que irradiaba su resplandor entre las patas de las sillas.
–¿A qué tipo de calidez te referís exactamente? Ah, ya sé. No me digas nada. Ahorrame tus sensiblerías.
–No son sensiblerías. Son reflexiones. Y si lo fueran, ¿qué tiene de malo? Roland, Hebe, M. y M., todos ellos...
–¿M. y M.?
–Los hijos de Hebe. Una nena y un nene.
–¿Y cómo los distinguís? Sus nombres comienzan con la misma letra.
–Una nena y un nene. ¡Es obvio, che!
–Bueno, es el cumpleaños de Hebe, ¿y?
–¿Y qué? Que hay que felicitarla, ¿no?
–...
–¿Por qué te quedaste callado?
–Por nada. A ver, ¿qué ibas a decir acerca de la calidez?
–Que en el hogar de Hebe se respira esa calidez. ¿Cómo te lo explico? ¿Te acordás que hace poquito publiqué un texto llamado ‘Discurso del pájaro carpintero’?
–¡Cómo olvidarlo! Incluso sé el nombre de la persona que inspiró ese relato.
–¡Callate!
–¿Por qué?
–No quiero que la menciones.
–¡Ah, entonces existe!
–Estábamos hablando de Hebe.
–No me cambiés el tema.
–¡Vos fuiste el que decidió...! ¡Cambiar...! ¡...de tema...!
–Otra vez esa maldita tartamudez. De acuerdo. Sigamos hablando de Hebe. ¿En qué estábamos?
–En la calidez de su hogar. Te pregunté si te acordabas de aquel textito que escribí, y que leí para la radio. Allí imaginé un matrimonio constituido por un escritor y su esposa.
–Dale, apurá el trámite.
–Hebe y Roland son opuestos a ese matrimonio imaginario que inventé. Por ejemplo, a ella no le enfurece que, por ejemplo, la Chica de las Mil y un Preguntas o yo aparezcamos en la vereda de su cuadra antes que Roland.
–No veo a qué querés llegar con eso.
–Mirá, es el mismo sentimiento que tuve cuando Veracruz me invitó a su casa a tomar unos mates.
–Eso no tiene nada de sobrenatural.
–¡Claro que sí! Pero vos sos esa partecita de mí que ha vivido tanto tiempo en la desconfianza y en la rutina que no notás esas cosas. Eso es hospitalidad. Y que Roland se haya casado con una mujer que tenga la singularidad de esta virtud es algo notorio.
–Ah, mirá vos...
–¿Querés dejar de tomarme el pelo?
–Lo que sigo sin entender es a qué punto querés llegar.
–Que es el cumpleaños de Hebe. Que la existencia de un ser humano maravilloso se ha prolongado durante trescientos sesenta y cinco días, que ha atravesado las cuatro estaciones sin el peso de una desgracia severa, que ha experimentado el gozo de cada día en compañía de sus seres queridos, que nada en semejante lapso de tiempo le haya arrancado lo que más ama, que el tiempo no le haya enjuagado las ganas de vivir...
–¿Y?
–...
–¡¿Y?!
–Y nada. Eso. Es el cumpleaños de Hebe.
–...
–¿Qué?
–Nada. Sos bobo, ¿eh? Siempre deteniéndote en los detalles más pequeños de la vida.
–El hecho de cavar un huequito en la memoria para recordar que todavía hay gente buena en este mundo no es un acto pequeño. Además, me parece inverosímil, imperdonable casi, que no haya aparecido hasta ahora en mis opiniones marginales. La incluiré en la posteridad. Creo que esa es la mejor justicia que le puedo hacer, ¿no? Inmortalizar a los héroes en la tinta...
–Otra vez con tus sensiblerías...
–Pero, más allá de mis olvidos, ¿no? Ojalá que la pase bien, que reciba muchos saludos...
–¡Ay, no! Empezaste a parlotear.
–...y regalos, ¿por qué no? Me parece que Samsa ya le ha enviado un mensaje...
–Bueno, me tengo que ir.
–Esperá.
–¿Qué?
–...
–¡Ufa! ¡Dale! ¿Qué querés?
–Estaba pensando...
–¿Qué?
–...
–¡¿QUÉ?!
–¿Y qué le regalamos a Hebe?

1 comentario:

  1. Què bello relato!! Si asi es mi hermana, maravillosa y humilde, tan calida, que buen relato que refleja la bendicion del agradecimiento y la amistad, hermoso, regalo!

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