jueves, 11 de junio de 2015

Las cinco esquinas de una estrella negra



No me pareció del todo justo proponer egoístamente un listado de cinco canciones siendo mi hermana la melómana por excelencia de la familia. De modo que, al compás de tenedores y cucharas que desgarraban un continente de guiso de arroz, decidí hacerle una pequeña entrevista acerca de cuáles son los artistas que no pueden faltar en su teléfono celular. Este artículo es el resultado de dicha conversación.


LEER Y ESCRIBIR (Las Pastillas del Abuelo)

Si hay algo de lo que estoy orgullosísimo es de tener como hermana a una mujer que sabe cómo disparar la canción correcta a la persona apropiada. Apenas me tragué los primeros versos de este tema, saltaron las alegrías a mi cara. No he oído otra canción que narre tan perfectamente las contradicciones, penas y felicidades del arte de escribir y el placer de leer. Otra vuelta de tuerca, Ojos de dragón, Diosa de la transformación... Otros títulos que el oyente desprevenido puede experimentar, que lubrican los auriculares del prójimo y te serruchan la mente con la finísima dentadura de las metáforas bien rebuscadas.



DE LA GUITARRA (Intoxicados)

No sucumbo con facilidad a las virtudes del rock nacional. Confieso que con muchas reticencias escuché la voz de Pity Álvarez. Sin embargo, De la guitarra logró conquistar mis oídos, incluso hasta sensibilizarme. La letra es un guión de cine en verso: uno puede vislumbrar a la chica ante el cristalino y envidiable escaparate del negocio musical, contemplando la sagrada lira que no podrá aferrar jamás, el sueño inalcanzable a menos de un metro de distancia. ¿O será acaso que la reciente lectura de un libro de Puig me hace suponer que De la guitarra puede ser filmado? En fin, ¿qué es un sueño, para vos?



TÉ PARA TRES (Soda Stereo)

No es necesario deshacerse aquí en demasiadas elucubraciones. Sin rodeos, sin ser dogmático, el entero repertorio de Soda Stereo debe ser escuchado. Es difícil, es casi imposible, escapar a la fama de una sola de sus canciones. No es casual que mi hermana haya sugerido el título de un tema profundo, íntimo, conmovedor, triste. La historia detrás de la letra -que, para los desprevenidos, puede ser confundida como un desencanto amoroso- no puede ser más abismal: el instante en que Gustavo se enfrenta a la noticia de la enfermedad que carcome la vida de su padre. La plasmación de un episodio tan personal condensada en minutos inolvidables, en sílabas imborrables, en acordes agridulces. ¿Cómo no escucharlo, cómo dejar de escucharlo, cómo ignorar la voz de Cerati, cuya partida reciente aún nos parece un irreal sinsabor en el inconsciente colectivo?



MEMORIA (Árbol)

Prejuicios... Pequeños sueños...  Suerte... Trenes, camiones y tractores...
El álbum Guau! fue un disparo al cielo que rompió con límites inesperados en el 2004. Cuando la banda grabe Hormigas en el 2007, Eduardo Schmidt habrá abandonado la formación y Gustavo Santaolalla no podrá producir este disco. Sí, si me tomo la molestia de investigar un poquito el trasfondo de las empresas melódicas, es porque no quiero que me tomen por careta o mandarme una macana imperdonable con lo que voy a escribir. Pocas agujas calan tan hondo en la piel de la argentinidad como lo es la memoria, esa moneda perdida que tratamos de recuperar después de una dictadura, de una guerra y del interés que suscitan los hábitos de leer Borges. Con todas las connotaciones posibles que rezuma la palabra, con la complicidad del vocalista de Catupecu Machu, el puñal de la nostalgia asoma en la esquina de cada cuerda sacudida.



SIN PENA NI GLORIA (No Te Va Gustar)

¿Pueden creer que estuve a punto de cometer el crimen de escribir No Te Va A Gustar? Mi hermana no me lo perdonaría. Lo que ni ella ni yo perdonamos es que hayan tachado deliberadamente su último álbum de deprepop. Pero bueno... No somos “críticos”. Puedo afirmar con toda seguridad que si se hiciera un largometraje de mi hermana, esta banda constituye indefectiblemente una parte considerable de la banda sonora. Quiero subrayar al lector el siguiente pormenor: esto no es una lista al estilo de Harold Bloom, Qué leer y por qué. Persisto con terquedad en la simple verdad de que las canciones que elegimos escuchar nos definen: definen la forma de nuestros pensamientos, son los himnos nacionales de la patria secreta que nos forjamos en la fantasía y que llevamos dentro. Una patria cuya canción construimos con las letras, los lenguajes, los versos de otros: escritores, músicos, pintores, cineastas, artistas. La elección de Sin pena ni gloria ha sido una consideración mía a raíz de una reflexión personal. Es una fría puñalada a la indiferencia.



BONUS TRACK: NO LLORA (El Cuarteto de Nos)

Este artículo quedaría incompleto sin la mínima alusión a esta canción. No puedo abrirme en intimidantes explicaciones, porque erraría en expresar mis ideas. Este tema me devuelve una impresión que yo mismo he incubado desde mi niñez: la terrible sensación de que mi hermana siempre ha ocupado el rol de la suma protectora de la casa, a pesar de su inferioridad cronológica respecto a la mía. Me considero más un hermano menor cuando ella está en el comedor. Es fuerte, con un carácter de hierro, con un talento inquebrantable. Hasta esta instancia de mi vida, es la única persona a la que puedo preguntarle ‘¿Querés tomar un mate?’ mientras se despereza en la cama. ‘Sí, dale, prepará vos’, me dice ella. Ella, siempre con sus tiernos y feroces imperativos...



Temo que si sigo escribiendo se me escapen algunas lágrimas. Por esto prolongo esta opinión marginal hasta las cuatro de la mañana, para que nadie las vea. No hay nada mejor que tener una buena infancia con unos hermanos con los cuales compartirla. Y sí, este tigre inexpresivo quiere a sus prójimos de sangre. Espero ésta no sea la única forma de demostrarlo.

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