martes, 21 de julio de 2015

En el Café Crem con Lukács Moonglove



El restaurante al que estábamos a punto de entrar tenía todas las mesas ocupadas. Nuestra segunda opción fue el Café Crem. Un espacio raramente claustrofóbico y acogedor.

Una taza de café con leche. Una charla amigable. Un proyecto de filmar el cortometraje de uno de mis relatos. Una luna de nostalgia.

Del otro lado de la mesa estaba Lukács Moonglove. Uno de los escritores más antiguos de la Tinta Dorada, ebrio de cine y de discreciones. Él era el autor intelectual del proyecto que intenta congregar a diferentes artistas provenientes de secretas esquinas de Merlo.

–Mi esperanza era y es –le confié– iniciar una corriente literaria acá...

No lo dije con estas palabras, pero Lukács entendió. Entendió que los artistas acatan su propio destino y que debemos rebelarnos contra la realidad.

–Después mando mensajes a Pluma de Cuervo y Libertad Argentina.

Le dije que Luna Roja podría sumarse a nuestros planes. A nuestra conspiración personal contra lo que nosotros llamábamos mundo.

Creo en la revolución. En una revolución más allá de las tendencias políticas y las ideologías humanas. Una revolución subterránea que nuestras guerras secretas contra la oscuridad del corazón humano engendran.

Necesitamos volcar esta revolución en las páginas de un libro, en el cristal de los televisores, en la cara de los teléfonos celulares, en la vena metálica de los auriculares, en ríos de celulosa, en montañas de música...

Mi entrevista con Lukács Moonglove es apenas uno de los ángulos del laberinto. El principio de una bola de nieve. Es hora de leer y de escribir.

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