martes, 14 de julio de 2015

Flores de tiza



“Si tu corazón fuera un jardín, ¿cómo sería?”

No me pregunten de dónde he sacado estas palabras, porque no sería tan fácil responder. Sólo sé que, si me las dijeran en este orden, respondería lo siguiente.

Respondería que no hay una sola flor en mi jardín. Que el patio de mi alma es una larga cancha de cemento llena de rayuelas que se borran con cada lluvia de otoño que mi espíritu padece. Que hay una estatua con el nombre de Dios en el centro. Que no cualquiera puede entrar a este espacio de tiza y frío. No cualquier persona.

Un jardín sin flores. Un corazón duro y gris donde las únicas flores que se atreven a ocupar la tierra negra de mis ojos son flores de tiza. Y es en la tímida rigidez de este corazón donde inscribo mi blanca poesía. Una poesía larga cuyos versos se borran y se reescriben una y otra vez.

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