jueves, 9 de julio de 2015

Las voces del siniestro laberinto



...y sin embargo escribo.

¿Por qué? ¿Por qué leer? ¿Por qué escribir? ¿Por qué dedicarse a la literatura?

No tengo una respuesta concreta para estas preguntas. Sólo puedo decir que Dios me salvó la vida a través de las palabras.

Usted leerá ‘Dios’ en la computadora, cerrará la ventana, buscará otra cosa qué hacer.

Hágalo.

Cierre la ventana.

Apague la computadora.

Dedíquese a otra cosa.

Porque una vez que usted siga leyendo no hay vuelta atrás.

Créame.

Las palabras forman laberintos, y muchas veces los hombres se pierden en ellos sin poder salir.

Yo construyo laberintos.

Yo los diseño.

Yo los instalo.

Y coloco a Dios en el centro.

Porque Dios es invisible, se escapa de las lenguas humanas y nadie sabe dónde está. Porque hay una cosa innombrable que vos no sabés que es, pero yo sí sé bien qué es, porque construí el laberinto. Y vos avanzás hacia eso que definirá tu destino. El minotauro te espera del otro lado de la mesa sin querer morfarte.

Y avanzás hacia mí. Y avanzás a través de las palabras. Y vos, que pensabas que las palabras no servían para nada, te das cuenta de que algo repta bajo tu piel, y tu corazón se acelera. Sentís lo mismo que yo estoy sintiendo mientras escribo esto. De pronto, llegás al centro del laberinto y pensás que Dios no está allí, que el minotauro se fue.

No.

En realidad el mundo está al revés. Tenés que mirarlo de cabeza.

La bestia está dentro de ti.

Tenés que salir del laberinto.

Huí.

Corré.

Escapá.

Viví.

Cerrá la ventana.

Apagá la computadora.

Dedicate a otra cosa.

Porque este es mi trabajo. Soy un escritor. Y mi trabajo es arrancarte la mirada. Soy un coleccionista de ojos.

Mirá.

Estás leyendo.

Te dije que cerraras la ventana.

Te dije que te dedicaras a otra cosa.

Ahora es demasiado tarde.

Para mí y para otros.

Mírame. Soy el arquitecto de mundos. Soy el minotauro que te come. Soy los muros que te rodean. Soy las palabras que salen de tu boca. Soy el miedo que por tus oídos entra.

Soy el escritor.

Ahora...

...corre...

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