sábado, 4 de julio de 2015

Mamushkas argentinas



Una vez más, el 136 se rehúsa a salir de Primera Junta, que es lo que debería hacer normalmente. En consecuencia, mi viejo y yo nos arrastramos hasta Liniers. De Liniers a Merlo. De Merlo a una remisería. De la remisería a casa. Un juego de cajas chinas, de mamushkas argentinas, un viaje dentro de otro viaje dentro de otro viaje.

Hay que retroceder unos cuántos casilleros. De casa a la remisería, de la remisería a Merlo, de Merlo a Liniers, de Liniers a Flores. Ahora. Arroja los dados. Algo sucede entre Liniers y Flores.

Ah, sí. El hombre de los guantes negros. El hombre que arrastraba un cajón de plástico a lo largo de todo el colectivo, el hombre que no tenía crédito en su tarjeta SUBE, el hombre que subió de todas maneras al transporte, el hombre que se bajó en el kilómetro treinta y cuatro y medio, ese hombre...

-...morfina... dedos... huesos... -dijo, mirándome fijamente, con ganas de hablar, pero no entendí casi nada de lo que me dijo, porque tenía auriculares, estaba cansado, no me interesaba lo que me decía, muy raras veces trabo conversación con extraños-... mi abuela... drogas... enferma...

De Liniers a Merlo, de Merlo a la remisería, de la remisería a casa. La línea es demasiado recta, la rayuela es demasiado prolija. Hay un desorden dentro del orden, tiene que existir un pedacito de caos dentro del mundo organizado.

El Hombre de los Guantes Negros.

Me está diciendo algo y no lo escucho. Lo ignoro. Lo ignoro porque hace un ruido extraño con la nariz. Lo ignoro porque estoy cansado. Lo ignoro porque se sienta junto a mí y echa la cabeza hacia atrás para moquear raramente. Me recuerda a los drogadictos cuando tienen que despejar sus fosas nasales para seguir inhalando magia en polvo. A decir verdad, creo que acaba de drogarse hace unos momentos...

No me acuerdo. Ahora sí que todo está desordenado.

Arroja otra vez los dados. De Flores a Liniers, de Liniers a Merlo, de Merlo a la remisería, de la remisería a casa...

Hay historias entre los espacios. Hay personas entre las historias. Hay palabras entre las personas. Hay secretos entre las palabras.

Morfina. Dedos. Huesos. Mi abuela. Drogas. Enferma.

El colectivo se detiene en Morón. Una riña. No me interesa. No me interesa saber si es real o no la noche en la que vivo. El tiempo es un rompecabezas que los escritores pueden desordenar.

Nada es real. Arroja los dados. De mi casa a la remisería, de la remisería a Merlo, de Merlo a Liniers, de Liniers a Flores.

Empieza otra vez.

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