martes, 7 de julio de 2015

Principios sin fin



No escribo como antes. Mucha agua ha corrido bajo el puente. Mi estilo se ha erosionado. No se puede recuperar la tinta derramada. Todo lo que he escrito hasta ahora ha sido una mera aproximación a lo que quiero escribir. ¿Y qué es lo que quiero escribir?

Un libro. Un solo y vasto libro que refiera mi visión personal del mundo. Un libro lleno de mí. Un libro que, una vez leído, se relacione inolvidablemente con lo que alguna vez fui.

Cada vez que empiezo una frase la dejo por la mitad. Y amontono frases encima del escritorio. Cadáver de historias no nacidas que se pudren en la pantalla. Mi computadora es un cementerio. El mundo desconoce mi oficio de sepulturero.

¿Por qué será que la literatura y la muerte se relacionan con tanta facilidad? ¿Será que el arte busca responder las preguntas que ni la ciencia ni la religión pueden contestar?

Tal vez yo no esté a la altura para apropiarme de las grandes inquietudes de los mortales, tal vez la literatura ni siquiera contempla el retrato de la condición humana como prioridad estética. Solamente escribo comienzos que acaban mal. Solo con principios no se puede ir a ninguna parte. Necesitamos fines.

Escribiendo por deporte no los voy a encontrar.

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