miércoles, 22 de julio de 2015

Un día en la vida de un lector antirrealista



Leo dos relatos de cierto autor que no me gustan. Moonglove tenía un poco de razón respecto al libro que me prestó; tal vez no tenga derecho de opinar sobre cosas que no me gustan. Hay un exceso de realismo en los párrafos; la fantasía, si la hay, sale mal disparada. No me convence. Cierro el libro. Tomo un par de mates mientras la televisión susurra los diálogos de una telenovela turca.

Turquía invade las pantallas argentinas con el filo de los melodramas. Las mil y una noches, Ezel, ¿Qué culpa tiene Fatmagül?, etcétera. Recuerdo que un profesor de literatura argentina renegaba de Las mil y una noches. Yo renegué de Crepúsculo hace años. Tarde o temprano, todos terminamos rindiéndonos ante los gustos populares. ¿Quién te dice que un día no salgo de casa con una canción vulgar colgando de la boca?

Pero la vida sigue, ¿no? Sí, sigue. No puedo estar leyendo todo el día, no puedo estar escuchando voces violentamente traducidas todo el día. No, nadie puede, no.

Voy a la iglesia. Vuelvo. Leo otro relato. No me gusta. Leo otro. Ese sí me gusta. Uno de los más cortos. Hay un niño llamado Julián que es malo. Me gusta. Leo otro cuento. ¡Dios mío! ¡Qué horror! Otro cuento. ¿Qué sucedió? Doblo la página. Mmm...  Che, ¿no te parece un poquito misógina esta escena? No sé, a mí no me gusta. Me recuerda a un cuento de otro autor. El tratamiento de los personajes femeninos es muy... ¿corpóreo? Sutil forma de decir que las mujeres sólo sirven como objetos en las historias. Sí, a mí no me gusta. Seguí leyendo, a ver, a ver si se redime el autor, a ver si el narrador tiene algo interesante qué aportar a las tintas de tu mano. Seguí leyendo. ¡No! ¡No podés escribir eso! Bue... Ya lo hizo. Dale, che, no te hagás el censor, vos escribiste cuentos peores. Bueno, sí, pero, yo.

Me faltan cuatro relatos. Voy a comer. Termino de cenar. Hojeo el libro. Lo dejo. No quiero seguir leyendo. No quiero leer más a... No, no quiero escribir como él. Demasiada realidad entre las palabras.

Pero, bueno, un poquito más de respeto, que él es el autor de... Bueno, una novela que tuvo mucho éxito. Qué se yo. Te digo, soy un lector muy exigente. A mí no me gustan los cuentos que se parecen demasiado a la realidad. Trato de darle la vuelta de tuerca a la realidad, a ver si se forma una imagen menos real de lo real.

A mí no me gusta escribir sobre lo real. Si hay algo que aprendí como escritor es a desarmar la realidad. A ponerla sobre la mesa y a desmontarla, pieza por pieza. De una manera muy rudimentaria, con el pobrísimo estilo que tengo. Hago lo que puedo. Entonces, desajusto los tornillos de este día que terminó. Trato de ver cómo funciona el tiempo. Tuve una tarde infectada de telenovelas turcas, de cuentos desagradables, de recuerdos universitarios. Muchas cosas han sucedido en estas últimas veinticuatro horas, pero, por alguna razón, el filtro de mi mente, la lupa del recuerdo, retuvo esas imágenes, tan intranquilizadoras para mí. Telenovela turca, mal libro, rostro de Moonglove, profesor de literatura argentina.

Bueno, hora de dormir.

Sólo me faltan cuatro relatos para llegar al final de un libro que no me gustó.

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