miércoles, 5 de agosto de 2015

Cien palabras para un día nublado



Hay un momento en que todas las cosas salen maratónicamente mal. Y a veces uno no sabe bien por qué. Sólo sabe que se despertó con la suerte al revés.

No hay que darle tantas vueltas a los errores. Los cometemos, y punto. No se puede echar la culpa a nadie. Y culparnos a nosotros mismos no es un buen antídoto contra las tragedias griegas.

Hay que bancársela. Hacerse cargo. Y no desesperarse. Eso es lo difícil.

Confía en Dios. Captura el tiempo. Sigue caminando. Aunque el mundo deje de sonreír por una hora. Sonríe. Los ángeles te están vigilando.

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