sábado, 1 de agosto de 2015

Consagración



Un día, un escritor, más bien un periodista –porque ejercía el artificio de la escritura en los territorios de la ficción y la investigación, respectivamente– se enteró de que un hombre había sobrevivido a un fusilamiento. El escritor no resiste la tentación de buscar a este hombre. Finalmente, tras una larga epopeya que no puedo describir, llega el día, y lo conoce. Al ver aquel rostro destrozado por una bala clandestina, su destino cambia para siempre.

Nada o casi nada ha sido invención mía: puede encontrar la misma historia en su versión extendida dentro de las páginas de un libro famoso. Sospecho que su autor, alguien tan humano como usted y yo, al escribirlo, también se escribió a sí mismo.

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