sábado, 15 de agosto de 2015

¡Enseguida vuelvo!: dieciséis historias para no extrañarme



Este es un buen momento para anunciar que me tomaré unas pequeñas vacaciones literarias. Es decir, que dejaré de escribir en este espacio virtual hasta el día 1 de septiembre. Lo que no significa que deje de escribir o leer fuera de la pantalla.

Antes de que algunos amigos que leen estos artículos me lo pregunten, no me ha sucedido nada malo. Eso se los puedo asegurar. No quiero atormentar a mis lectores constantes con basura. Que es lo que siento que he escrito las últimas semanas. Escribir sin respiro es perjudicial para la salud.

Hay otro detalle que me preocupa, y es que próximamente este blog celebrará sus 300 entradas publicadas. Es sólo un número, de todas maneras. Frases más, frases menos.

No me extrañen, enseguida vuelvo. Mientras tanto, pueden leer los numerosos artículos anteriores que les dejé. Y si me permiten mis propias recomendaciones, acá hay una lista improvisada de lo que me gustaría que lean de mí.


La mordedura de Andrómeda: por muchísimas razones, esto es lo mejor que he escrito en años. En serio.

Yendo a la casa de Samuel: a muchos les ha fascinado este relato cotidiano, no tanto por la desgracia que padecí, sino por el curioso personaje que se termina riendo de mí. Sin rencores.

Fragmento de un mensaje de texto: efímero y verídico.

La defensa de mi otro yo: es un texto que quise que pasara desapercibido y, sin embargo, tuvo un éxito menor. Lo coloco entre mis favoritos porque acá intento “defenderme” o explicar cuáles son exactamente las características de este espacio que se llama blog. Y que el lector no tiene que tragarse todas mis palabras como si fueran verdades absolutas o amenazas personales.

El ruiseñor en las orillas: les prometo que es el último texto que trata de explicaciones. Es como una carta de presentación que responde qué es lo que escribo.

El enigma de azúcar: y sí, hace poquito me puse a escribir discursitos románticos que no deslumbran a nadie. No sé por qué (?). Discurso del pájaro carpintero, El final de la espera o Viaje al centro de un otoño invisible son otros textitos a los que les pueden echar un ojo. A éste lo elijo por una cuestión de ejemplificación. Nada más. Y bue, ya que estamos, les ensarto también Reivindicación de mi estado sentimental.

Estrellas de aluminio, Antes del crepúsculo..., Los Distintos, Los escritores de la Tinta Dorada, Lado A, lado B, ‘Mitakuye Oyasin’, dice el poema: y creo que con esto voy cerrando. Las historias que me han producido mayor felicidad mientras escribía, están acá. Al menos, las recientes.


Creánme, de todo lo que escribí, sigo pensando que hay un solo texto que es el mejor. No me hagan repetirlo.

Voy a poner mi cerebro en remojo. Por quince días. O un poquito más. Porque los escritores no escriben para siempre. Y esto, aunque a nadie le guste, alguien lo tiene que decir. ¡Nos vemos en unas semanas!

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