lunes, 28 de septiembre de 2015

Carta abierta a los hijos de la Tinta Dorada



A los hijos de la Tinta Dorada:


Al compás de una efímera lluvia escribo estas líneas que tal vez a ustedes poco importen por la sencilla razón de que yo pertenezco a un feliz pasado que no regresará más que en calladas conversaciones acerca de quién fui. No embarraré estos párrafos de inútiles nostalgias. La vida no conoce otra dirección que el futuro.

Yo, ausente, desaparecido, les escribo para no olvidar todo lo que aquel espacio significó para mí. Allí nació y creció el escritor que soy ahora. Esto lo digo sin vanaglorias, sin ampulosas soberbias, confiando que el entusiasmo que rezuman estas palabras sea transmitido de manera correcta a ustedes.

La tinta no se ha secado en mí, sino que desde el pequeño rincón del mundo en el que estoy procuro diligentemente construir historias y compartir el placer de la lectura a quienes me rodean. Empresa singular y dificultosa en el “imperio del cristal líquido”. Somos espectadores antes que fabricantes de sueños. La comodidad es uno de los grandes males del espíritu viajero. No hay hedor más mortífero que el de los sueños estancados. Nadie quiere contar historias. Nadie tiene nada para decir. Nadie sabe exactamente qué es o para qué sirve la literatura. No sé si ustedes se enfrentan día a día a estos espectros. Yo sí. Estamos en un mundo donde proliferan las películas, las series de televisión, las novelas gráficas, los libros, y sin embargo hay telarañas que se resisten a ser removidas.

Hay tanto por escuchar, leer y ver que me asombra que pocos “por estos lados” quieran convertirse en guionistas, artistas plásticos, músicos. Me corrijo: hay muchos. El demonio del desánimo desparrama sus áspides en pos de ellos, el clásico veneno aniquilador de esperanzas que comienza con una gota de: “¿Tiene salida laboral?” o “¿Para qué sirve?” o “¿No te conviene elegir otra cosa?”

Los monstruos están allí. Ignorémoslos por un momento.

Acabo de terminar un proyecto literario interesante. Una novela corta. Les mentiría si dijera que no quiero verla publicada y que me paguen por ello. ¿A quién no le gustaría vivir de lo que más le gusta hacer? Pero, asimismo, es cierto que podría dedicarme a otra cosa aparte de la docencia, y conservar mi inclinación hacia las palabras. Un escritor es muchas cosas antes de ser escritor. Tampoco quiero hablar de esto.

Este año está irremisiblemente condenado a desaparecer en tres meses para dar paso a un nuevo ciclo. A pesar de mi inesperada partida, y otras vicisitudes que no comentaré, este ha sido un año muy fructífero para mí en muchísimos aspectos. Fue un año donde tuve que “volver a empezar” en algunas áreas. A ver lo que había debajo de mis errores y a no creer tanto en mis aciertos. No quiero presentarme como alguien humilde con esta carta virtual, sino todo lo contrario: tengo mis pretensiones, ansias, miedos, cóleras, congojas, defectos.

Y a pesar de todo escribo. Porque escribir forma parte de mi naturaleza. No es un pasatiempo. Es una de las muchas acciones con las que adorno mi vida cotidiana. Nada más.

Si les apasiona o no la literatura, el cine, la música, el arte, esto forma parte de la personalidad de cada uno de ustedes. Y si la vocación pasa por allí, hay que pisar fuerte el acelerador. No rendirse. Esta frase, que parece ya tantas veces repetidas en libros de autoayuda y superación personal, es la única fórmula que conozco. Tampoco les escribo para “enseñarles lo que sé de la vida”, porque de la vida nada sé. Soy el emperador de los ignorantes. Los poetas son malos consejeros.

Les escribo porque los extrañé, y porque la Tinta Dorada sigue significando mucho para mí. Y está presente en lo que escribo y en lo que vivo. Las posibilidades de un triunfal retorno son escasísimas, casi nulas. Ni siquiera los árboles son eternos. Que esta reflexión tampoco los detenga. Sigan escribiendo.

No sé cómo terminar esta carta sin ser demasiado sentimental. Ustedes son el presente y el futuro de la Tinta Dorada. Ignoro si comprenden la magnitud de estas palabras. Celebren la vida, el amor y el arte. Si escriben, háganlo con el corazón, sabiendo que lo que inscriben en el papel es parte de ustedes. Si leen y si oyen la voz del otro, háganlo con reverencia e infinito respeto, por cuanto detrás de las palabras hay esfuerzo, dedicación y pasión. Y no se arrodillen ante las fauces más desalentadoras de este mundo, porque aún en la esquina más oscura de nuestros barrios crece la valiosísima flor de la esperanza.

Ha dejado de llover hace tiempo. No hay más nada qué decir. Pero hay mucho por escribir.

Hasta pronto, hijos de la Tinta Dorada.

Y recuerden... ¡a vivir!

J.C.

2 comentarios:

  1. hola Julian, normalmente no comento nada cuando leo lo que publicas, no me gusta hacerme ver en este gran anonimato que nos brinda el internet, pero bueno, hoy es diferente. Al leer tus palabras, trate de darle a tus letras la misma euforia, profundidad y sentimiento con el que vos nos deleitabas allí en la tinta, pero me fue en vano. Es sencilla y llanamente imposible. tu ausencia es muy notoria en el sitio de reunión de la secta, el horrible sonido de la ausencia de tu vos es casi ensordecedor. Aun espero el día en que entres de nuevo en aquel lugar y nos digas con una sonrisa en el rostro: "Regrese". Pero por el momento eso no sucede, y por lo tanto me he de conformar con esto. Finalmente, espero que tengas buena fortuna en todo lo que haces. Que aquellos que quieras, no se separen de tu lado. Que tus días nublados se despejen y den paso a un radiante sol. Y por sobre todo, que nunca dejes de ser vos mismo. Ahora, regresare al anonimato. Te deseo lo mejor.

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  2. Julián, Amigo ! espero que andes muy bien, vos sabes la admiración que profeso sobre vos como escritor y como persona, así que no hace falta que te diga que acabo de leer un texto maravilloso que me trajo algo de nostalgia y me hizo rememorar antiguos y gratos momentos con vos y con los demás compañeros y profes en nuestros años juntos en la tinta dorada. Ya falta poco para las vacaciones de verano y para que podamos entonces formar nuestro propio café literario, hasta entonces te mando un enorme saludo. Abrazo !

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