miércoles, 9 de septiembre de 2015

Gris, cosmopolita, universal



Otra vez, la ciudad. Ecuación de etnias, baldosas rotas, palomas porteñas, sinagogas, mercados chinos, barbas blancas, ancianas sofisticadamente vestidas, negocios de tela, anchas librerías, teatros pulcrísimos cual conciencia de ángel. Jardín de senderos que se trifurcan, caja de juguetes rabiosos para el rufián melancólico.

¡Ay, Buenos Aires! Gris, cosmopolita, universal. Graffitis en la calle Paraná. Vendedores callejeros, una excursión escolar, cuerpos harapientos que se echan a tierra para tomar sol en la apoteosis de su personal miseria, una mujer que vende medias, libros agazapados tras escaparates esperando a ser comprados, tiendas de electrónica, hombres de traje negro como el ala de un cuervo.

¡Ay, Buenos Aires! Mejunje de trámites, paso de turistas, aguafuerte de Arlt, amor de Borges. Poesía de cemento y de excremento de pájaros. Tango multicolor. Esperanza viva del inmigrante que en las esquinas prospera. Secreto racismo de quien ignora que el argentino es muchas patrias. Las patrias africanas y orientales, las europeas y americanas. Acá confluyen, acá se enredan, acá florecen. Nexo de galaxias disimiles, eje de mundos.

¡Ay, Buenos Aires! De ti me despido en el andén de Once. Estado de suspensión en un asiento del tren que tendré que ceder. El frígido pitido del vagón que anuncia el cierre hermético de las puertas. Me voy, al Oeste me voy. Adiós.

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