miércoles, 14 de octubre de 2015

Discusión sobre el término 'best-seller'




Mientras que en Estados Unidos los escritores están a la altura de los artistas musicales o las estrellas de cine y sus novelas se venden como las hamburguesas de Mc Donald’s, en la cosmovisión argentina ser escritor tiene otras implicancias, otras connotaciones. Acá, la palabra best-seller, aunque se aplique justificadamente en algunos casos, no nos parece pertinente. Nosotros no decimos: “Sí, este libro de Cortázar es un best-seller.” A nosotros no nos cierra del todo esta visión comercial y anglosajona de la literatura. No decimos: “Borges es un autor de best-sellers.” En el fin del mundo nos preocupa la plata. Pero, en nuestro inconsciente colectivo, la tinta y la guita no se mezclan.

Cuando pienso en Borges, pienso en laberintos, espejos y bibliotecas; cuando pienso en Cortázar, pienso en lluvia, anteojos, cristal, cronopios, juegos de palabras, verde y celeste; cuando pienso en Arlt, pienso en metal, en los pobres, en Flores, en los relojeros, en las chicas que buscan novio, en restaurantes de los años ’20, en los tranvías, en Buenos Aires. Incluso si pienso en Sacheri, en Fontanarrosa, en Fogwill, en Bodoc, en Dolina, no pienso a un escritor argentino en términos comerciales. Lo que no me sucede, por ejemplo, con King o con Meyer.

Yo soy un lector que no piensa en términos económicos. Es decir, no pienso o trato de no pensar la literatura como artículo de consumo. Aunque debería hacerlo. Porque me encantaría que el mundo comprara mis palabras por un buen precio. La profesionalización del oficio del escritor obliga al sujeto a pensar en la novela bajo la lupa de los números. No solamente hay una relación entre el autor y el lector. Hay librerías y editoriales que intervienen activamente en esta relación. Por supuesto, para bien. Porque de otro modo el escritor no se puede hacer conocer.

Lo que quiero decir con este artículo es que la mitología argentina y la mitología estadounidense, nuestra visión de la literatura o de los libros contemporáneos (porque vaya a saber uno si un docente de la UBA quiera hacer una tesis sobre Cincuenta sombras de Grey en estos tiempos) ha de ser distinta. Nuestro país ha emergido de una dictadura, de una censura férrea, de crisis económicas sin precedentes. Y todo esto afecta nuestras consideraciones sobre la literatura nacional y universal.

Por lo demás, a mí no me gustaría que digan algo como: “Sí, Rayuela fue el best-seller de Cortázar.” No. A mí no me cierra del todo esa frase. ¿Y a ustedes?

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