sábado, 24 de octubre de 2015

El arte, la verdad y la vida en el imperio de cristal líquido



El concepto de arte se refiere al conjunto de ideas relacionadas entre sí que sirven para identificar y delimitar los fenómenos artísticos. Es el que ayuda a distinguir las obras de arte de otros objetos, a diferenciar los comportamientos artísticos de otras actividades y a determinar lo que es o no buen arte.

¿Qué se puede considerar arte? La respuesta dada por los expertos es que para que exista arte debe darse una relación lógica y armoniosa entre las partes, que se percibe con existencia propia gracias a su belleza o a las cualidades que la producen y proporcionan placer.



Biblioteca de aprendizaje interactivo Mundo Hispano,
Vol. 1. Pag. 102. Océano. 2006.





Si el principio armónico es el fundamento de toda obra de arte, los vanguardismos de la postmodernidad y las experimentaciones formales en el último siglo echaron por tierra al águila del Arte. Las vanguardias han roto el espejo de la armonía; el artista dejó de buscarla, porque entendió que no la podía hallar en el mundo o en sí mismo. Esto dio inicio a la búsqueda de la representación de lo no-armónico: el Caos. El sinsentido que rige al mundo, al hombre y a las artes.

Surrealismos, cubismos, expresionismos, experimentaciones, intervenciones, ruptura de convencionalismos, innovaciones estéticas, tratamiento de temas polémicos, versos oscuros y libres. El hombre construyó una cosa hecha de muchas cosas. Un monstruo de Frankenstein, un moderno Prometeo que sustituiría al Arte en crisis que se arrastraba hacia las puertas del nuevo milenio. El mingitorio en el museo: el Arte se ha ido, y La Fuente de Duchamp parece saber a dónde.

Hasta que la botella del vanguardismo se agotó en subsiguientes devenires: pop art, beatniks, undergrounds, deconstruccionistas, etcétera. La espuma de la babosa moribunda que se retuerce en los límites del país de los conejos blancos.

Después del martillazo al orden establecido que fueron las corrientes vanguardistas, no hubo poeta que no intentara fabricar versos con análogos efectos; el problema fue que a nadie le importó. Después del boom latinoamericano, las venas del imperio de cristal líquido se ramificaron bajo la piel de las ciudades.

El futuro empezó a fabricar corazones en masa. Depositamos nuestras almas en vidas de cartón. Una vida frágil, corrugada, plegada, cuadrada, gris. No importa cuántos colores volquemos sobre la superficie, la caja de Pandora no se abre. Dios tiene la llave, pero lo hemos ahuyentado. El Arte, alguna vez, fue el martillo rompecandados de los hombres. Ahora, ¿cuál es su función? Si este reino de fibra óptica nos seduce con caramelos de neón y globos de vidrio. Una niebla de plástico nos envuelve. Somos maniquíes con vendas de celofán. El Arte no nos devuelve la vista. El Arte está muerto; el olor a podredumbre, la sospecha de que alguna vez hubo algo bueno en todos los hombres, arruga melancólicamente las narices. El Arte no exhibe la verdad de la condición humana. Apenas la refiere. Por más pequeño que sea un sufrimiento humano, no puede ser narrado en palabras. El horror de una vida vacía es inenarrable.

Un hombre muy famoso escribió alguna vez lo siguiente:




¿Qué es entonces la verdad?
Una hueste en movimiento
de metáforas, metonimias, antropomorfismos,
en resumidas cuentas,
una suma de relaciones humanas
que han sido realzadas, extrapoladas y adornadas
poética y retóricamente y que,
después de un prolongado uso,
un pueblo considera firmes, canónicas y vinculantes;

las verdades son ilusiones
de las que se han olvidado que lo son:
metáforas que se han vuelto gastadas
y sin fuerza sensible,
monedas que han perdido su troquelado
y no son ahora ya consideradas como monedas, sino como metal.


Friedrich Nietzsche, Sobre verdad y mentira en sentido extramoral, Madrid, Tecnos, 1998. (Trad. de Luis M. Valdés y Teresa Orduña).




Una conocidísima marca de gaseosas utiliza la siguiente frase en sus publicidades: ESTA ES NUESTRA VERDAD, ¿CUÁL ES LA TUYA?

¿Desde cuándo existen varias verdades al mismo tiempo? La tesis de una Verdad única se descerrajó la cabeza de un tiro. Ahora todos pueden decir sus propias verdades. La verdad se publica, se comenta, se comparte, se tuitea, se retuitea, se viraliza. La verdad, incluso, es un bien de consumo. Autobiografías, biografías no autorizadas, periodistas polémicos, crónicas amarillistas, historias policiales, programas de reality show, noticias mediáticas. Todos tienen una verdad qué contar. Una verdad que, si se puede vender, mucho mejor.

No hay “un” Arte. No hay “una” Verdad. La idea de armonía en la historia del arte y la noción de conocimiento en la historia de la ciencia han cambiado. No existe la letra capital. No hay mayúsculas. No hay estructura o sistema que resista el paso del tiempo. Todo lo que hace el hombre es un castillo de naipes. Incluso el imperio de cristal líquido tiene fecha de vencimiento.

Neil Gaiman, para definir en pocas palabras la devastadora envergadura argumental que constituye The Sandman, reúne todas las historias que configuran esta novela gráfica de setenta y cinco números que se publicaron a modo de entregas mensuales durante casi ocho años bajo una sola frase: “El rey de los sueños aprende que uno debe cambiar o morir y toma su decisión”.

Cambiar o morir.

Todo lo que no cambia está destinado a desaparecer.

Incluso el Arte, que adquiere en el laberinto de espejos de la Historia la forma de una institución impensada, parece tener varias caras y ser incapaz de constituirse como una idea absoluta.

Cada quién tiene su propia noción de arte y asume su propia concepción de verdad. Cada quién es dueño de su propio cerebro. Incluso cuando nuestros modos de concebir el arte, la verdad y la vida sean pensamientos prestados.

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