jueves, 22 de octubre de 2015

La diferencia entre reseña y crítica literaria



Algo que no me había gustado del blog hasta ahora es la cantidad de reseñas acerca de literatura contemporánea. La reseña es un género discursivo que se encuentra un escalón más debajo de la crítica literaria y un peldaño encima del comentario del lector. La reseña es la crítica que produce la comunidad de lectores. Es decir, el juicio de los consumidores de una obra literaria condensado en pocos párrafos.

Sin embargo, al acceder a otras páginas virtuales donde reseñar libros es casi una ley, he descubierto que la reseña excede los límites de la mera opinión, del mero ‘me gustó este libro porque...’

A diferencia de la crítica, no se trata de producir un modo de lectura o una forma de leer la obra literaria, sino de evaluarla bajo determinados criterios estéticos que configuran el ‘gusto del lector’. Otro artículo merecería definir cuáles son los ‘gustos’ o valores estéticos con los cuales se mide la literatura contemporánea.

El problema de la reseña radica en su extrema dependencia del sujeto: no existen dos personas con gustos literarios absolutamente idénticos. Cada lector presenta, además, su propia noción de estética; es decir, cada quién tiene diferentes consideraciones acerca de lo que es literario y lo que no es literario, lo que es estéticamente aceptable y lo que es antiestético. Estas consideraciones personales se recortan contra lo que las academias denominan “arte”. No importa lo que digan las universidades o los teóricos literarios, es indiscutible que muchos leen Bajo la misma estrella.

La reseña es una opinión del lector, una valoración estética del consumidor de textos hacia determinada obra textual de ficción; la crítica literaria, en cambio, aspira a ser algo más que sí misma. La crítica se desarrolla en periódicos especializados y tiene repercusiones en las universidades; la reseña no se extiende y no se quiere extender hacia otras esferas que no tengan que ver con la obra en sí. Su territorio son las redes sociales, los foros, la comunidad de lectores. La reseña no se mete con la política, con lo histórico, lo ideológico, lo social; esa falta de beligerancia no caracteriza al crítico literario, que trata de ver cómo el libro encaja en la cerradura del mundo.

El mundo desaparece en la reseña así como que desaparece cuando leemos un libro. La crítica literaria, en cambio, busca establecer una relación, a veces a las patadas, entre literatura y mundo, entre la ficción y la no ficción.

La reseña no instala polémicas. Tampoco insinúa conflictos entre la obra textual y el mundo del lector. Mientras los críticos atacan la obra a bastonazos, los que reseñan acarician el lomo de los libros nuevos. Una es hermética, dogmática, severa e intelectual(oide por momentos); la otra, abierta, subjetiva, permisiva, amable, comprensible.

Los objetos de análisis, los libros, varían en cada caso. El crítico evaluará el contenido de una obra que considere relevante para la contemporaneidad e incluso la posteridad; el que reseña escribe bajo el principio del placer, no discrimina géneros y se complace en anunciar e investigar toda novedad del mundo editorial. Ambas son posiciones diferentes respecto a qué leer y cómo leer.

Después de inspeccionar a algunos autores que se han forjado una reputación de eximios diseñadores de reseñas, cabe preguntarse si acaso el género de la reseña constituye una generosa o perjudicial adición a la literatura. Lo que implica, necesariamente, reformular nuestras consideraciones acerca de lo que nosotros llamamos “literatura”. Porque tanto la reseña como la crítica persisten en la novedad; las novedades, a nivel internacional en materia de producción de obras textuales, viajan a velocidades supersónicas. Siempre hay un libro nuevo por leer. En esta proliferación de novelas, en este desbordamiento desproporcionado de ladrillos de papel que se multiplica cada vez más con mayor rapidez, ¿cómo llevar a cabo una reseña? Cuando se termina una novela, se empieza por otra. Es una guerra continua contra el tiempo donde el consumidor de novelas necesita mantenerse actualizado.

No soy un buen crítico ni tampoco soy bueno reseñando libros. En primer lugar, porque parece que estoy desconectado de la idea de novedad. Sólo empecé a leer Crepúsculo o Harry Potter cuando la última adaptación fílmica del último libro de la saga salió... por televisión. La novedad tiene fecha de vencimiento. Cuando la novedad se transforma en antigüedad, recién allí empiezo a leerlo. Cuando no hay fanatismos, publicidades o comentarios frescos que contaminan mi juicio con favoritismos o detracciones.

En segundo lugar, porque en vez de decir si me gustó o no me gustó la historia, la analizo, le saco el jugo a la naranja, le arranco piezas. Eso sí, de forma muy poco profesional. Stephenie Meyer fue objeto de muchas críticas. Al final, terminé reivindicándola un poco. He escrito tres artículos de ella: uno en febrero de este año (La redención de Stephenie Meyer) y otros dos en abril (Meyer, por una literatura posible y Meyer: parodia, retorno y eternidad en Crepúsculo). Sólo leí tres de los cuatro libros de la saga. Algunas vocecitas dicen que sacará un nuevo libro. No me interesa.

En tercer lugar, doy un salto más allá de la literatura y me dedico a analizar todo aquello que pueda ser objeto de estudio. Mis dos últimos desastrosos intentos de reseñar cómics, por ejemplo: We3 y La capa.

En cuarto lugar, el cambio de estilo del que les he hablado hace unos días. Eso es, justamente, en las dos reseñas que acabo de referir. Si las colocan una junto a la otra, parece como si dos autores completamente diferentes los hubieran escrito.

En fin, podría enumerar otros mil defectos más que me impiden dedicarme a la crítica literaria. Reseñar no es fácil. Dedicarse a la crítica literaria tampoco.

Cambié mucho de parecer cuando consideré el esfuerzo y empeño que emplean muchos autores digitales para presentar una buena reseña. La escritura no es exclusiva y pura inspiración; ya lo ha dicho Hemingway: “La literatura es un 10% de inspiración y un 90% de transpiración”.

Pero Hemingway no me gusta.

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