jueves, 1 de octubre de 2015

La Esfinge en su laberinto de soledades



Fabrico, una vez a la semana, adivinanzas para un programa de radio. No he demorado en descubrir que algunos participantes del juego eventualmente plantean jocosas quejas que cuestionan la estructura interna de los acertijos. Hay una denuncia feroz tras la risa forzada: la adivinanza es un juego arreglado.

Y les doy la razón. ¿Desde cuándo la Esfinge tiene los labios limpios?

La controversia barrial surgió a partir de la siguiente adivinanza:


Sea cuadrada u oval,
al terreno se adosa.
Ella es... ¿qué cosa?


Un artefacto de fabricación casera. Para las mentes avispadas la respuesta es casi instintiva. Alguien respondió cerámica y zócalo. El significado del segundo término es el siguiente: Banda horizontal de madera, azulejos, tela, papel pintado, etc., con que se adorna o protege la parte inferior de una pared, que puede levantar pocos centímetros o llegar a media altura.

La primera respuesta sólo designa una posible composición material del objeto a adivinar. No al objeto en sí. En el lenguaje coloquial se utiliza la palabra cerámica para referirse a él. Pero en la plenitud de su complejidad semántica, cerámica apenas es una generalización: existen los zócalos o los azulejos, que no necesariamente “al terreno se adosan”. Si acaso es admisible la tácita convención de que terreno remite a una superficie horizontal.

La clave de la resolución final no se limita al contenido de las palabras; hay un registro formal, un juego de sonoridades, que delata o prefigura la respuesta.


Sea cuadrada u oval,
al terreno se adosa.
Ella es... ¿qué cosa?


La adivinanza es un dispositivo en cuya mínima extensión se reduce la máxima cantidad de información. En contenido y, en la medida de lo posible, en la forma.

Se me ha acusado de inventar adivinanzas imprecisas. Pero, ¿qué acertijo no lo es? Se me ha acusado de esgrimir términos nebulosos. Pero, ¿acaso la unidad de la adivinanza no requiere la deliberada aniquilación de toda certeza? Un silencioso y precipitado juicio transforma este juego de preguntas y respuestas en una guerra desigual. Pero, ¿acaso la Esfinge fue “justa” cuando ponderó bajo un lenguaje curioso la oculta figura del hombre?

Jorge Panesi, célebre profesor de Teoría y Análisis Literario en la Facultad de Filosofía y Letras, ponderaba en una de sus clases:


Pero la adivinanza lo que pone en acto es un juego de poder entre el que sabe y el que no sabe. Y en este juego se puede perder la vida, como el caso de la princesa (...), que mandaba a matar a todos los que no respondían el acertijo.


Un juego de poder. La naturaleza de la adivinanza: “Yo sé algo que vos no sabés, y haré todo lo que esté a mi alcance para que no lo sepas.”

La adivinanza es enunciada en una lengua que el otro no puede entender. La lengua poética. Edipo se ve forzado a renunciar a su pensamiento natural para sumergirse en los laberintos del lenguaje. Tiene que ganar a la Esfinge en su propio tablero de ajedrez.

La lucha es desigual. Tiene que ser desigual. El que tiene el saber es la Bestia, mientras el que ignora es la Humanidad. El conocimiento es Barbarie; hay que derrotar a la Barbarie.

Una adivinanza no es sólo una adivinanza. Es una pugna secreta entre conocedores e ignorantes. Ser conocedor no significa ser sabio. El sabio cimenta su sabiduría en la experiencia de vida que atraviesa su humana condición, pero el conocedor “construye” sus verdades, porque el conocimiento se construye, no es un atribuyo inherente al objeto. La adivinanza es una construcción. Es una diana diseñada para ser destruida por el disparo del pistolero.

Estas consideraciones he elucubrado a partir de las inquisiciones que algunos jugadores han formulado respecto a las imprecisiones de mis adivinanzas. El hacedor de acertijos es una Bestia. Es la Bestia. Es la Esfinge. Estas criaturas que alardean de sus conocimientos jamás jugarán limpio con los hombres. Sépanlo. Son los dictadores del lenguaje.

He desafiado a algunos de los Distintos a fabricar sus adivinanzas para destronarme. Aguardo ansiosamente la llegada de los días venideros, que pondrán a prueba a estos modernos héroes para vencer de una vez por todas a la Esfinge en su laberinto de soledades.

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